Un murciélago muy especial

Un murciélago muy especial

Escrito por : isabel
25 enero 2012

 

Un murciélago muy especial

Los murciélagos son unos mamíferos muy raros y simpáticos, parecen como ratoncitos voladores. Y aunque mucha gente les tiene miedo, casi todos se alimentan de insectos o de frutas. Esos a los que la gente les tiene miedo, son los murciélagos vampiros y se alimentan de sangre de animales, no de personas. Pero nuestro murciélago era de los insectívoros, que son la mayoría de las variedades de murciélagos.

Se llamaba Widget, porque era hembra. La habíamos encontrado tirada bajo un ombú en el campo de mi tío Tomás. Al principio creímos que era un ratón, pero cuando abrió las alas, nos dimos cuenta de que era un murciélago y nos dio lástima, verla ahí tiradita, tratando de esconderse del sol, porque son criaturas de hábitos nocturnos.

La cuestión es que la recogimos y la llevamos para la casa de mi tío, que estaba como a un kilómetro y medio el ombú. Claro que en ese momento no sabíamos que era hembra, ni que era insectívora, ni nada de nada. En realidad, no sabíamos nada sobre murciélagos y nos creíamos que era un vampiro. Se nos había ocurrido la brillante idea, de alimentarla por turnos y la dejaríamos beber nuestra sangre, como en las películas del conde Drácula.

Lo que no les dije es que en aquella época, mi hermano y yo, teníamos siete y ocho años, mucha buena voluntad y una imaginación desmedida. Pero apenas entramos en la cocina de la tía Clotilde, nos sacó corriendo con el crucifijo empuñado y rezando en vos alta. Es que nuestra tía era más ignorante que nosotros, la pobre. Ella se creía que todos los murciélagos eran vampiros y que eran hijos de Satanás.

Pero el tío no creía en esas cosas, el era un hombre muy extraño, la gente de la zona le tenía miedo y en la familia decían que estaba loco como una cabra. Pero a mi hermano Enrique y a mí, nos encantaba pasar todo lo que podíamos de nuestras vacaciones en su estancia. Tomás era un hombre alto, muy rubio y de piel blanquísima, que protegía escrupulosamente con un sombrero de alas enormes, camisas de manga larga y guantes de algodón blancos. Tía Clotilde decía que tenía la piel muy delicada y que no debía exponerse al sol. Algunas veces, cuando el sol apretaba de veras, salía con una sombrilla negra que había traído de Italia y los peones se mataban de la risa al verlo pasar. Pero a él no le importaba en absoluto y se reía con ellos.

Como les dije, mi tío Tomás era muy raro. Él era medio hermano de mi papá, hijo del segundo matrimonio de mi abuela, que se casó con un naturalista alemán que había venido al país a estudiar a los gliptodontes, esos que en el campo conocen como tatú carreta y que estaba seguro que todavía podían encontrarse en alguna parte. Pero no quiero hablar de eso ahora.

Widget, era chiquita como un ratoncito bebé y temblaba como una hojita al viento, debía ser por el golpe o por el sol, en realidad no sabíamos, pero le preguntamos a Tomás y él nos dio una clase de biología que nos dejó las orejas como morrones, pero que nos sirvió para saber qué teníamos que hacer para cuidar de ella. Mientras nos explicaba, tomó una red para cazar mariposas que tenía y atrapó algunas moscas y mosquitos, que metió en un frasco grande, donde puso después a Widget para que comiera. Fue la primera vez que vi cómo se alimenta un murciélago, fue hermoso.

Es que el tío Tomás, también era naturalista, más precisamente, un biólogo. Él era profesor de una universidad en Alemania y trabajaba sólo seis meses por año allá, los otros seis meses, los pasaba en la estancia investigando. Era en esa época que nosotros lo visitábamos y la verdad, nunca supimos por qué, se casó con tía Clotilde, pero los dos parecían entenderse muy bien.

Nuestra murciélaga se adaptó muy bien al cautiverio, pero teníamos nuestras dudas de llevarla para casa. De modo que el tío Tomás habló con papá y le ofreció que se la lleváramos de vuelta si no podíamos cuidarla como es debido. No es tarea fácil encargarse de una cría de murciélago, pero aceptamos el desafío. Nos volvimos a la capital con Widget en una jaulita especial que el tío le había confeccionado, una buena dosis de insectos vivos y muchas ganas de presumir con nuestros amigos sobre nuestra mascota.

Todo fue de maravilla durante el primer mes, pero después, tal como nos lo había advertido el tío Tomás, Widget cambió sus conductas. Empezó a comer mucho y no dábamos abasto para conseguirle insectos. El tiempo estaba más fresco y nuestra murciélaga se preparaba para hibernar. Ya nos lo había advertido Tomás, es el momento crítico. Una mañana fría de abril, nos despertamos y la vimos tiradita en el piso de la jaula, estaba como muerta, pero no tenía rigor mortis, la rigidez de todos los seres vivos cuando están muertos de verdad. Mamá llamó al tío, una llamada que le costó una fortuna, porque ya estaba en su universidad y él le explicó lo que debíamos hacer y cómo vigilar que estuviera bien.

Pasaron tres días y Widget seguía inmóvil, como debía ser, pero al cuarto se despertó y anduvo chillando y revoloteando todo el día. Fue allí que mamá supo que algo no estaba bien. Llamó entonces a tía Clotilde y después de un rato vino a la cocina donde tomábamos la leche y nos dijo que iban a venir a buscar a Widget para llevarla a la estancia. Nos pusimos muy tristes, en realidad la queríamos mucho. Ella se nos prendía de la remera sobre el pecho y parecíamos Batman, todos los amigos del barrio se morían por que les mostráramos cómo la manejábamos. Enrique se montaba en su bicicleta y salía como el rayo con Widget prendida de su pecho y haciendo un chillido suavecito que los dejaba con la boca abierta. Era muy divertido pensar que éramos especiales por tenerla, pero se tenía que ir, era por su bien. De todas formas la veríamos en el verano.

Widget se fue y pasó mucho tiempo antes de que la volviésemos a ver, porque el tío había acondicionado una pequeña gruta que había atrás de la casa para ella y otros murciélagos se refugiaron allí y se hicieron amigos. Nos pareció que no íbamos a saber que era ella, pero el tío le había puesto un anillo especial para reconocerla y todavía lo llevaba cuando dos años más tarde la encontramos prendida de los tirantes del techo del galpón. Ella pareció reconocernos y cuando se acercó, vimos que llevaba una cría prendida del pecho, igual que como se nos prendía de las remeras a nosotros. Era increíble. La vimos todos los días durante ese verano que nos quedamos toda la familia en la estancia del tío. Y los años siguientes la vimos un poco menos, pero seguía en la cueva y teníamos noticias de ella por los peones, el tío Tomás y hasta la tía Clotilde, que llegó a quererla como si fuera su mascota.

Es increíble cómo nos marcan esas experiencias de la niñez. Ese simple encuentro marcó mi futuro y el de mi hermano. Enrique se hizo veterinario y yo biólogo como mi tío, pero especializado en los quirópteros, que son los murciélagos. Sor catedrático en la Universidad de San Pablo y profesor consultante en la Universidad Erlangen-Nüremberg, la misma donde dieron clases el tío Tomás y el tío Heinrich, su padre. Y todo gracias a Widget.

Autora: Andrea Sorchantes



Comentarios(1):

  1. Mayra

    31 de enero de 2012

    Esta muy bonita su pag. gracias por ponerla informancion ke necesitaba dios la bendiga cdt

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