cuentos infantiles

La brujita juvenil

Escrito por : isabel
19 octubre 2009

 

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El bosque es un lugar muy oscuro por la cantidad de árboles que allí habitan, los que no dejan pasar la luz del sol ni siquiera a mediodía.

Muy dentro del bosque, los árboles son sumamente enmarañados con ramas que parecen brazos y raíces que parecen piernas de gigantes.

Pero en lo más profundo del bosque hay un árbol realmente extraño, porque tiene dos nudos que parecen ojos, un agujero pequeño y profundo que parece una boca y una ramita cortada, que parece una nariz.

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La bruja piruja

Escrito por : isabel

 

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Hace muchísimo tiempo, en la ciudad de Rosa, sus habitantes despertaron una mañana con las trompas del reino, que anunciaban a los mensajeros reales que traían una proclama real.

– Por orden de su majestad, queda el pueblo informado de la llegada de la terrible bruja piruja. Esta bruja no hace daño a los adultos, pero elimina a todo niño que ve. Por lo tanto, su majestad el rey ha ordenado que se mantenga a todos los niños encerrados en sus casas, hasta que la bruja piruja haya desaparecido y con ella el peligro.

La ciudad obedeció las reales órdenes, pero había dos hermanitos que deseaban ir al bosque para buscar fresas, pues era la temporada y el bosque estaba lleno.

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La bruja de la televisión

Escrito por : isabel

 

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Un día como tantos, en que Tomás miraba la televisión solo en su casa, mientras esperaba a que su mamá regresara del trabajo, apareció una bruja en televisión. Era muy fea y su cara era maligna, a Tomás le dio mucho miedo pues pensaba que en cualquier momento, la bruja lo miraría directamente a los ojos para decirle que conocía todas las maldades que había hecho ese día. Pero la bruja ni se dio cuenta de que Tomás la miraba, y continuó preparando sus embrujos como si nada.

El pobre Tomás pudo descansar un poco, porque nadie le contaría a su mamá cuando llegara, que se había comido todas las galletas que ella guardaba en la cocina, ni que había roto el vidrio de la ventana del comedor. Ahora podría echarle las culpas de todos a algún ratoncito o hacerse el distraído y fingir que nada sabía de los asuntos en cuestión.

En el fondo, Tomás no era malo, pero no podía resistirse a una diablura cuando la oportunidad se presentaba, y como sus padres trabajaban todo el día y él debía permanecer muchas horas solo, nunca faltaban oportunidades para hacer cosas indebidas.

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Había una vez un hombre que tenía poco dinero y se casó con una mujer hermosa. Cierta noche se lamentaban de que sus vecinos fuesen más ricos que ellos y que por ello debían ser más felices.

Estaban deseando vivir en tiempos de hadas para poder pedirles deseos, cuando apareció en su cocina un hada:

– Prometo concederles las tres primeras cosas que deseen. Pero tengan cuidado, porque luego de los tres deseos, no volveré a concederles nada más.

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El fabricante de ataúdes Versión abreviada

Escrito por : isabel
16 octubre 2009

 

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El fabricante de ataúdes Adrián Prójorov clavó un letrero de venta o alquiler en la puerta de su vieja casa de la calle Bamánnaya. Se trasladaba con toda su familia a la casita amarilla de la Nikítinskaya.

Cuando llegó a su nueva casa, no sintió alegría, todo era un desorden, comenzó a regañar a sus hijas y a la sirvienta y se puso a ayudarlas.

En poco tiempo, todo estuvo ordenado. En la cocina y el salón se ubicaron los enseres funerarios. Sobre el portón se colocó un anuncio que decía: “Aquí se venden y se tapizan ataúdes sencillos y pintados, se alquilan y se reparan los viejos”. Las hijas se retiraron a sus habitaciones y Adrián se sentó junto a la ventana y pidió que le aprontaran el samovar.

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No pretendo que me crean, pero sé que mañana moriré y deseo relatar los extraños hechos que me han torturado y provocaron mi ruina.

Desde niño me gustaban los animales y mis padres me permitieron siempre tenerlos. Esta afición creció conmigo y pude disfrutar de la abnegada amistad de los animales.

Me casé joven y por fortuna, mi esposa compartía mi gusto por los animales domésticos, y los teníamos de todas clases: peces, pájaros, un perro, un monito, conejos y un gato.

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La esfinge Versión resumida

Escrito por : isabel

 

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Cuando el cólera azotó Nueva York, acepté la invitación de un pariente para pasar una quincena en su casa de campo a orillas del Hudson. Era un lugar encantador para el veraneo, y lo habríamos pasado de maravilla, excepto por las noticias que llegaban de la ciudad. Era tal la desazón que producía cada mala nueva en mi persona, que terminé por caer presa de la desolación, y mi anfitrión se esforzaba por alegrarme.

Sus esfuerzos por alejarme de aquel estado sucumbieron en gran parte por ciertos libros que encontré en su biblioteca, que removieron todo vestigio de superstición que existiera en mí. Leí aquellos libros sin su conocimiento, por eso no alcanzaba a explicarse mi reacción.

Pocos días después de mi llegada, me ocurrió un incidente que me espantó. Al atardecer de un día muy caluroso, estaba sentado con un libro en la mano, junto a la ventana que daba a una colina distante. Cuando levanté la vista de las páginas, ví la superficie desnuda de la colina y una figura monstruosa que bajaba por ella hasta desaparecer en el bosque de abajo. Aquella criatura debía ser mayor que cualquier barco, a juzgar por el tamaño de los árboles que estaban detrás. Su boca se ubicaba en el extremo de una probóscide de sesenta pies de largo, tan gruesa como el cuerpo de un elefante. Cerca del nacimiento de la trompa tenía pelo negro e hirsuto, de esa pelambre, surgían dos colmillo afilados de gran tamaño, similares a los del jabalí. El cuerpo era de cuña y tenía dos pares de alas, de cien yardas de largo, cubiertas por escamas metálicas. Su pecho estaba cubierto por la figura de una calavera blanca, como dibujada. Mientras observaba a la criatura, emitió un sonido tan sobrecogedor que me desvanecí mientras la figura desaparecía al pie de la colina.

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El diablo y su abuela

Escrito por : isabel
15 octubre 2009

 

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Hace mucho tiempo, había un rey que gustaba de hacer la guerra. Estaba embarcado en una gran guerra, para la cual había reclutado muchas tropas, a las que daba una paga que no servía para vivir. Es por eso, que un día, tres de sus soldados decidieron desertar.

Los soldados sabían que la pena por la deserción es el ahorcamiento, pero para evitarlo, se refugiaron en un campo de trigo, pensando que la tropa se marcharía al día siguiente, olvidándose de ellos. Por el contrario, la tropa permaneció estacionada en la zona y los desertores debieron permanecer ocultos.

Al cabo de dos días, el hambre los apretaba y se encontraron en la disyuntiva de salir para que los ejecutaran, o permanecer ocultos y morir de hambre.

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El soldadito de plomo

Escrito por : isabel

 

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Había una vez un niño que recibió como regalo de cumpleaños una caja con veinticinco soldaditos de plomo, todos idénticos con el fusil al hombro y la mirada al frente, con pantalones azules y casacas rojas.

Le pequeño los ordenó en fila sobre la mesa, todos iguales excepto uno, que estaba fallado, le faltaba una pierna, pues el plomo de la fundición no había alcanzado. Sobre la mesa había otros juguetes, pero el más llamativo era un castillo de papel, pero lo más remarcable en él, era la bailarina de papel que estaba en la puerta del castillo. La joven tenía un vestido vaporoso con una lentejuela enorme en la cintura y una pierna bien en alto, al punto que el soldadito creyó que también le faltaba.

Pensó que era la muchacha ideal para ser su esposa, pero le preocupaba que ella viviera en un castillo y él sólo tuviera una caja de cartón con veinticuatro soldados más. De todas formas, estaba decidido a conocerla.

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El tullido

Escrito por : isabel

 

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En una gran mansión, vivía una familia muy rica que era feliz. Todo lo que deseaban era ser felices y hacer el bien. En nochebuena instalaban un precioso árbol, elegantemente adornado, bajo el que depositaban los regalos para los pobres.

Invitaban a los niños pobres de la parroquia y cada uno venía con su madre a recibir los obsequios y la comida.

Aquel año, los invitados recibieron su sopa navideña y el pato asado, y de postre, manzanas rellenas. Después de esto, les entregaron ropa de abrigo para todos los niños.

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