Era un mundo cibernético donde todo era tecnología y eficiencia, las máquinas gobernaban con gran exactitud y todo marchaba a la perfección, pero algo vino a perturbar ese orden perfecto.
Cybog, como se llamaba el mundo de las máquinas, tenía muchas cosas parecidas a las que conocemos. Los robots, que eran los habitantes del planeta, salían a trabajar, cuidaban sus casas y tenían vacaciones, pero lo que no había allí eran sentimientos.
Esto de que los robots no tengan sentimientos, es más complejo de lo que parece. En este mundo, no familias, ni niños, tampoco había gobiernos, ladrones o guerras. Cada robot tenía su casa, que era muy pequeñita y eficiente, apenas una cabina donde se conectaba a la fuente de energía y a la Computadora Central que revisaba su programación cada día.
Durante una semana al año, los robots tomaban vacaciones. Pero no eran las vacaciones que todos conocemos, los robots no iban a la playa o al campo, ni nada de eso, en cambio, se dirigían a un gigantesco laboratorio, donde los chequeaban y ponían a punto para que funcionaran perfectamente durante el siguiente año. Cuando un robot estaba muy dañado para repararlo o su mecanismo resultaba obsoleto para las nuevas tecnologías, simplemente se lo desechaba y listo.
Nadie lloraba por el robot desechado, pues a nadie le importaba en absoluto, era la forma de ser de los robots. Simplemente la fábrica de robots debía fabricar un nuevo robot para sustituir al que habían desechado.
Pero un día, algo muy extraño pasó. Hubo una falla en la programación de uno de los pequeños robots nuevos y las máquinas supervisoras no lo notaron. El robot se llamaba Martín ZP334.
Martín salió al mundo como cualquier robot nuevo y se puso a trabajar. Ya desde el principio se notó que algo no estaba bien con él. Para empezar, Martín se quedaba mirando por la ventana durante algunos minutos, en lugar de trabajar toda su jornada sin parar, al igual que sus compañeros.
Pero esa no era la única diferencia que tenía Martín con los demás robots. A la salida de su primer día de trabajo, fue a despedirse de sus compañeros, los cuales no pudieron contestar, pues no estaba en su programación. Pero sí vieron alterados sus programas por esta nueva información desconocida.
De este modo, los robots encargados debieron reconfigurar a todos los compañeros de Martín y alertaron a la Computadora Central respecto al problema.
Martín no encajaba para nada con su mundo, iba por ahí, haciendo cosas para las cuales no estaba programado, como detenerse por el camino para contemplar el cielo o la ciudad, hablarle a los robots que pasaban por la calle y esas cosas. El pobre iba sembrando el descontrol en todas las máquinas que desconocían los comandos que él manejaba y que se afanaban por compensar inútilmente.
Ya en la primera noche de la vida de Martín, había causado tal desequilibrio en su mundo, que la Computadora Central debió recluirlo en su cubículo, para que no causara más daño.
Al día siguiente, fue llevado ante la computadora central y escaneado en todas las dimensiones habidas y por haber. La Computadora Central debió recurrir a todos sus bancos de memoria, pero como no encontró la información adecuada, decidió consultar con las centrales de información de algunos planetas con los que tenía contacto. Fue entonces que se contactó con el planeta Sentíre, donde le dieron la información que buscaba.
Resulta, que la cosa extraña que le pasaba a Martín, era que tenía sentimientos, ni más ni menos. En el planeta Cyborg, no había lugar para los sentimientos, así que debían hacer algo con él.
Afortunadamente, los habitantes del planeta Sentíre, decidieron que podían llevar a Martín a su planeta, donde no sería igual que los seres que allí vivían, pero al menos, compartiría con ellos los sentimientos, que era lo más importante que alguien podía poseer.
Desde que Martín llegó a Sentíre, supo que era su hogar y que no deseaba estar en ninguna otra parte del universo. Pero siempre estuvo agradecido con la Computadora Central de Cyborg, por ocuparse de encontrar qué le pasaba y poner solución al problema.
Autora: Andrea Sorchantes
Categorías : Educativos
Etiquetas : computadora central, Cuentos infantiles, Cuentos para niños, robot, sentimientos


Cargando...
Comentarios(1):
lorena
18 de enero de 2012
tu imajen esta padre saves bote porti lorena te mande 10o0 be2os amo tu imajen ?
Karma:
0
0