
Anne era una artista joven que ilustraba una revista infantil. La directora de la revista era muy exigente, tanto, que Anne debía trabajar hasta muy tarde.
Estaba muy cansada y su trabajo se veía afectado. Pero la directora, que era una mujer despiadada y calculadora, le exigía cada vez más.
Una mañana. Anne no fue a trabajar. Había estado dibujando toda la noche y no tenía fuerzas para ir al día siguiente. La directora le advirtió que contrataría a alguien más, si no completaba el trabajo de la semana.
La pobre muchacha se esforzó más de lo debido y se levantó a trabajar. Comenzó a dibujar, una página, otra y otra. Hasta que no pudo más y se quedó dormida sobre la mesa de dibujo.
De pronto, los lápices y la goma, salieron del interior del estuche, sin hacer ruido. Se juntaron a deliberar. La joven estaba extenuada y nada podría hacer, por tanto, decidieron encargarse de la tarea.
Todo parecía posible, salvo que las ideas pertenecían a Anne, por más que los instrumentos conocieran a la perfección su trabajo. Pero lo intentarían de todos modos, para que su dueña no se quedara sin trabajo.
Sólo les quedaba una cuestión por resolver. Nadie debía verlos trabajar, ni siquiera su dueña. Por tanto, encargaron al compás que vigilara.
Comenzaron a dibujar, los lápices de colores a pintar, el difumino a sombrear y la goma a dar luces. Mientras el compás montaba guardia.
Cuando Anne despertó, compás dio un silbido y todos volvieron a quedar inmóviles.
La muchacha no se percató de los cambios y se fue a dormir. Cuando finalmente se levantó, se llevó una gran sorpresa. Había dormido tres días seguidos. Estaba desesperada, pues perdería su empleo. Pero cuando se acercó a la mesa para ver sus dibujos, quedó pasmada.
Sobre la mesa estaban todos los dibujos que debía entregar. Sin detenerse a buscar explicaciones, tomó los dibujos y se fue a la revista.
Cuando la directora vio todos los dibujos, bien pintados y retocados, agradeció el esfuerzo y se disculpó por ser tan exigente.
Le asignó un ayudante para que no debiera trabajar por las noches. Y Anne, estaba feliz con los dibujos y con la idea de tener un ayudante. Pero sabía que sus verdaderos ayudantes, estaban en su mesa de dibujo.
Categorías : Mágicos
Etiquetas : Cuentos mágicos, Los lápices de Anne

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Comentarios(2):
Berenice
16 de marzo de 2011
A mi hijo le encanto esta historia porque le gusta mucho dibujar
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carmen alvarez
3 de agosto de 2011
necesito la biografia de andrea sorchantes
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