Las tres semillas

Las tres semillas

Escrito por : isabel
3 noviembre 2009

 

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En tiempos bíblicos, el rey Salomón gustaba de salir disfrazado por las noches, para pasear por la ciudad de Jerusalén. Pero una noche, fue atacado por tres desconocidos y fue socorrido por un joven que pasaba por allí. El muchacho ahuyentó a los bandidos y el rey dio su agradecimiento. Entregó un anillo de oro al joven, para que fuese a verlo a palacio al día siguiente, donde sería recompensado.

El muchacho imaginaba que recibiría grandes riquezas y por la noche, no logró conciliar el sueño.

A la mañana siguiente, se presentó en palacio y fue recibido.

- Te daré uno de los mayores tesoros que poseo, en agradecimiento por tu valentía.- dijo el rey.

El rey dio la orden de que trajeran un cofre finamente decorado.

Al ver el cofre, el joven supuso que contendría piedras preciosas y joyas, pero al abrirlo, vio simplemente tres semillas sobre una almohadilla de terciopelo.

Al notar la decepción en el rostro del joven, el rey le dijo:

- No son semillas corrientes. Son las semillas de la abundancia.

- ¿Qué propiedades tienen estas semillas?

- Debes plantarlas y regarlas, para conseguir abundancia. Pero debes utilizar lágrimas y sudor para regarlas. Y si eso no basta, lo harás con sangre. Pero no utilices agua.

El muchacho se sintió defraudado. Agradeció y se marchó. Mientras iba saliendo, el rey pudo notar que arrojaba las semillas a un rincón.

El criado también lo vio, y preguntó al rey Salomón, si debía arrestar al joven por el desprecio. Pero el rey le contestó que no era necesario, pues no obtendría jamás la abundancia, por no estar dispuesto a sacrificarse.

Entonces, el ayudante preguntó al rey, que si era necesario derramar lágrimas, sudor o sangre para conseguir la abundancia, entonces, cómo era posible que personas que no hacían nada, tuvieran gran abundancia.

El rey contestó:

- Para que las semillas crezcan deben regarse con lágrimas, sudor y sangre. Eso han hecho las personas que nombras, pero utilizaron las lágrimas, sudor y sangre ajenos. Ahora tráeme mi manto, que buscaremos alguien a quien entregarle las semillas de la abundancia.


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