Cuento: Las desventuras del grillo Juan

Las desventuras del grillo Juan

Escrito por : isabel
11 octubre 2011

 

La vida en el campo es muy agradable y tranquila, al menos en apariencia, pues si pudiésemos tener una lupa enorme, podríamos ver que debajo de la vegetación, aparentemente estática, existe una intensa actividad.

Claro, me refiero a los insectos. Hay millones de ellos en la naturaleza, cada uno con su colonia y su ocupación. Esta historia habla sobre los grillos, en realidad, acerca de un grillo en particular, se llama el grillo Juan.

Juan es un grillo muy buen mozo y le gusta mucho pavonearse por las ramas, haciendo alarde de su gran voz. Sí, porque es el mejor cantor de su región. Nadie ha podido superarlo hasta ahora, y ese es su problema.

No es muy saludable andarse por el campo cantando a viva voz, pues esto lo convierte en un blanco fácil para los depredadores y los grillos tienen muchos. Nada más suculento para un hornero, que comerse un grillo bien jugoso para la merienda. Pero no se asusten, que a Juan, no se lo han podido comer porque es muy cuidadoso. Siempre antes de cantar, tiene la precaución de subirse a la rama más alta del árbol o del arbusto, para fijarse si hay pájaros cerca. Y cuando los ve, muy calladito se baja a toda prisa hasta su guarida.

El problema de Juan está en otro lado. Es que el muy pícaro, gusta de enamorar a todas las grillitas jóvenes del lugar, sin importarle si tienen novio o no. Esto le ha valido muchos enemigos y unas cuantas palizas. No es nada extraño verlo por ahí con un ojo morado por algún novio celoso.

Pero el lío se armó cuando puso sus ojos en Lorieta, la grilla más bonita de todas. Aunque con un pequeño inconveniente, que es la novia del jefe de policía de los grillos, Dalto. Esto no le importó para nada a Juan, que confiado en los encantos de su voz, se puso a cantarle serenatas debajo del balcón a mitad de la noche.

Para qué les voy a contar la que se armó. El novio de Lorieta agarró a Juan por la solapa del saco y lo hizo volar sobre una roca enorme que había. Juan se sintió tan humillado, que se levantó de un saltó y se dispuso a enfrentarse al jefe de policía furioso. ¡Qué paliza que le dio!

Si creen que la historia termina allí, están muy equivocados. Dalto arrastró a Juan hasta la laguna, donde tenía un bote. Decidido a deshacerse del grillo Don Juan, lo ató al mástil de su bote y lo botó a la laguna, sin preocuparse por las consecuencias. Lo único que deseaba, era no verlo más por aquellos lares.

El pobre Juan no podía hacer nada para zafar de las ataduras y se quedó mirando el horizonte, esperando el momento en que las aguas se lo tragaran para siempre.

No había esperanzas, pero siempre hay lugar para los milagros. Y esto fue lo que sucedió. Una gaviota enorme, divisó a Juan y bajó a buscar ese bocadillo sorpresa. Levantó el bote por los aires y se dirigió a una roca en la playa, para comer tranquila su presa.

Mientras la gaviota luchaba por liberar al grillo de su envase, Juan estaba muerto de miedo, pero no tanto como para no aprovechar el momento, cuando se presentó. Apenas las cuerdas se aflojaron lo suficiente, salió corriendo entre las patas de la gaviota y la muy apurada ni se dio cuenta, hasta que fue tarde. Juan había encontrado una grieta entre las rocas y allí se quedó hasta el otro día. Saliendo de su escondite, cuando el terreno estaba despejado.

Como ya no podía regresar a su casa, decidió buscar otra comarca y emprendió el viaje con rumbo hacia el norte. Luego de muchos días de fatiga, encontró una población de grillos en un jardín de rosas, donde no tardó mucho en convertirse en el galán del lugar. Es que por aquellos lados, sabían apreciar a un buen cantor y Juan había aprendido a no meterse con las novias ajenas.

Autora: Andrea Sorchantes.


Categorías : Moralejas

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