la-gata-encantada

En un reino muy lejano, hace mucho tiempo vivía un príncipe sabio y querido por su pueblo. Todas las jóvenes nobles deseaban casarse con él. Pero no le interesaba ninguna de las candidatas, él pasaba jugando junto al hogar, con su gata Agatha.

Una tarde, mientras acariciaba su suave pelaje, le dijo:

– Eres tan adorable, que si fueras mujer, me casaría contigo.

Al instante, apareció el Hada de los Imposibles y habló:

– Tu deseo será cumplido, príncipe.- y desapareció nuevamente.

Ante los ojos del desconcertado príncipe, Agatha se convirtió en una bellísima muchacha.

El príncipe estaba encantado con la transformación de su mascota. Mandó hacer los más finos trajes para ella, encargó las joyas más valiosas y la colmó de regalos. Llamó a sus consejeros para anunciarles que había encontrado finalmente a su candidata.

La boda se realizó con la presencia de todos los habitantes del reino. Cuando la ceremonia terminó, comenzó la gran fiesta. Todos estaban presentes, disfrutando de la buena comida y bebida, y nadie podía dejar de admirarse de la belleza de la novia, que además, impactaba por su dulzura.

La fiesta llevaba ya muchas horas de duración, y la gente continuaba divirtiéndose. Pero de pronto, todos los presentes quedaron pasmados, la joven novia, estaba encaramada en una silla, acechando a un ratoncito que correteaba por el salón. De un salto, cayó sobre él, lo tomó con su mano y se lo metió en la boca. Al sentir todas las miradas sobre ella, se lo tragó de sopetón.

El príncipe indignado ante tanta vergüenza, comenzó a llamar al hada de los imposibles para que deshiciera su hechizo. Pero el hada jamás acudió.

Nadie sabe qué pasó con el príncipe y la princesa. Tal vez vivieron felices y comieron ratones, en lugar de perdices.