Había una vez una gama que tuvo mellizos, un macho y una hembra, pero al macho se lo comió un gato montés. De modo que sólo la pequeña gamita quedó.
Todas las mañanas, la madre obligaba a la pequeña a repetir la oración de los venados, que la gamita debía memorizar para que su madre le permitiera andar sola:

1) Hay que oler bien primero las hojas antes de comerlas, porque algunas son venenosas.
2) Hay que mirar bien el río y quedarse quieta antes de bajar a beber, para estar seguro de que no hay yacarés.
3) Cada media hora hay que levantar bien alto la cabeza y oler el viento, para sentir el olor del tigre.
4) Cuando se come pasto del suelo, hay que mirar siempre antes los yuyos para ver si hay víboras.
Una tarde, mientras recorría el monte, vio dentro del hueco de un árbol, muchas bolitas de color oscuro que colgaban. Sintió curiosidad y dio un cabezazo y disparó. Pero las bolitas se rajaron y de ellas salieron abejitas rubias de cintura fina que no la picaron. Entonces probó con su lengua del líquido que escurría de las bolitas y para su sorpresa descubrió que era miel. Tomó toda la miel y regresó a su hogar para contarle a su madre. La madre la reprendió y advirtió que no lo volviese a hacer.
A la mañana siguiente, la gamita salió de nuevo, sin cuidarse de obedecer a su madre, pues pensó que exageraba como toda madre. Buscó hasta que halló un panal. Esta vez encontró uno de abejas oscuras y de mayor tamaño. La gamita pensó que sería como las otras y dio un cabezazo al panal. Al momento salieron cientos de avispas que la picaron por todo el cuerpo, hasta los ojos. Enloquecida de dolor, la gamita salió corriendo hasta que se dio cuenta que estaba ciega. Se puso entonces a llorar y pedir por su mamá.
La madre ya estaba buscando a la gamita, hasta que finalmente la halló. Llevó a la gamita hasta su cubil, pero no sabía cómo curarla. La madre sabía que en el pueblo había un cazador de gamos que tenía muchos remedios y que podría ayudar a su hija. La madre estaba desesperada, por eso decidió llevar a la gamita, a pesar de que el hombre acostumbraba cazar gamos. Para asegurarse, llevaba una carta de recomendación del oso hormiguero, que era gran amigo de aquel hombre.
No sin peligros, llegó la madre hasta el cubil del oso hormiguero, dejando a la gamita escondida en su cubil. El oso no le dio una carta, sino una cabeza de víbora seca, que conservaba aún los colmillos venenosos.
Regresó por su hija para llevarla al pueblo. Cuando llegaron, caminaron despacito junto a las paredes, para no alertar a los perros. Alcanzaron la casa del cazador, la madre tocó a la puerta y se identificó. El hombre abrió la puerta y preguntó qué motivo las traía. La madre contó la historia al cazador, quien volvió con una silla alta, en la que hizo sentar a la gamita para verle mejor los ojos. Finalizado el examen, el cazador dio su opinión.
- No es gran cosa lo que tiene. Póngale esta pomada todas las noches y manténgala durante 20 días en la oscuridad. Luego póngale estos lentes amarillos y se curará.
- Muchas gracias, cazador. ¿Cuánto le debo?- respondió la madre.
- No es nada.- respondió el cazador- Pero cuídela de los perros al salir.
La gamita se curó como dijo el cazador, aunque fue un periodo muy difícil de superar.
Una mañana, finalmente, la gamita salió al exterior y comprobó con gran alegría que podía ver. Daba saltos de felicidad y su madre lloraba de alegría.
La gamita se curó por completo y estaba feliz por ello, pero deseaba de todo corazón, agradecerle al cazador por lo que hiciera por ella, pero no sabía cómo.
Un día encontró la solución, se puso a recorrer la orilla de los bañados y lagunas en busca de plumas de garza, para llevarle al cazador.
Una noche de lluvia, mientras el cazador leía en su cuarto, llamaron a la puerta. Cuando el cazador abrió, pudo ver a la gamita que traía un atadito con un plumerito de plumas de garza. Al verlo, el cazador se rió. La gamita creyó que se burlaba y se fue triste.
Entonces buscó plumas muy grandes y limpias, y retornó una semana después con su ofrenda. Esta vez el cazador no rió, en cambio le regaló un trozo de caña tacuara lleno de miel, que la gamita comió encantada.
Desde ese momento, el cazador y la gamita fueron grandes amigos. La gamita visitaba al cazador regularmente con su regalo de plumas y éste la esperaba con un jarro de miel.
FIN
Categorías : Clásicos
Etiquetas : Horacio Quiroga, La gama ciega

Cargando...
Comentarios(11):
anyelis melendez
31 de enero de 2010
me encanta el cuento de la gama ciga por que es muy lindo
Karma:
6
2
yorgelis piña
31 de enero de 2010
el cuento de la gama ciega me gusto por que tine momentos lindos
Karma:
3
2
sofia
12 de abril de 2010
Este cuento me trae recuerdos gratos. Mi madre nos lo leía a mi hermana y a mí antes de dormir cuando eramos pequeñitas. Yo siempre me imaginaba los ojos hinchados de la gamita arrepentida por haber sido desobediente y la soledad que sentiría esperando dentro del tronco a recuperarse. El libro tenía unas ilustraciones muy bonitas con una delicada gamita de finas patitas y enormes ojos brillantes. Esta es la primera vez que leo el cuento en 28 años gracias por el regalo.
Karma:
3
1
la judi dieser!:)
14 de mayo de 2010
mas tierno!
Karma:
4
2
LaYami...
27 de mayo de 2010
me enkanta este kuento…
para mi es el mejor de tds los k eskribio…
Karma:
1
3
JENIFER
31 de agosto de 2010
BUENISIMO ES E CUENTO
Karma:
1
3
ana maria
25 de julio de 2011
a mi maestra nos la dieron para leerla me paresio interesante y muy lindooo y despues cuando volvimos de las vacasioness nos pidieron buscar informcion sobre elloooo
ES MUY LINDOO me encantooo
Karma:
0
4
PABLO
22 de agosto de 2011
LINDO MUY HERMOSO Y CON MOMENTOS TAN LINDOS.
Karma:
1
2
andrea
29 de agosto de 2011
me pareceuna historia muy bonota, aunque para mi tiene momentos tristes y felices. gracias por ese cuento atentamente andrea.
Karma:
0
2
victoria muñoz
6 de septiembre de 2011
el cuento es expetacular nosotrosy mis compañeros lo leimos en biblioteca pero esta re bueno les recomendo leerlo bsos
Karma:
1
2
dulce
18 de enero de 2012
kiero resumen y no sale
Karma:
0
0