La esfinge

La esfinge Versión resumida

Escrito por : isabel
16 octubre 2009

 

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Cuando el cólera azotó Nueva York, acepté la invitación de un pariente para pasar una quincena en su casa de campo a orillas del Hudson. Era un lugar encantador para el veraneo, y lo habríamos pasado de maravilla, excepto por las noticias que llegaban de la ciudad. Era tal la desazón que producía cada mala nueva en mi persona, que terminé por caer presa de la desolación, y mi anfitrión se esforzaba por alegrarme.

Sus esfuerzos por alejarme de aquel estado sucumbieron en gran parte por ciertos libros que encontré en su biblioteca, que removieron todo vestigio de superstición que existiera en mí. Leí aquellos libros sin su conocimiento, por eso no alcanzaba a explicarse mi reacción.

Pocos días después de mi llegada, me ocurrió un incidente que me espantó. Al atardecer de un día muy caluroso, estaba sentado con un libro en la mano, junto a la ventana que daba a una colina distante. Cuando levanté la vista de las páginas, ví la superficie desnuda de la colina y una figura monstruosa que bajaba por ella hasta desaparecer en el bosque de abajo. Aquella criatura debía ser mayor que cualquier barco, a juzgar por el tamaño de los árboles que estaban detrás. Su boca se ubicaba en el extremo de una probóscide de sesenta pies de largo, tan gruesa como el cuerpo de un elefante. Cerca del nacimiento de la trompa tenía pelo negro e hirsuto, de esa pelambre, surgían dos colmillo afilados de gran tamaño, similares a los del jabalí. El cuerpo era de cuña y tenía dos pares de alas, de cien yardas de largo, cubiertas por escamas metálicas. Su pecho estaba cubierto por la figura de una calavera blanca, como dibujada. Mientras observaba a la criatura, emitió un sonido tan sobrecogedor que me desvanecí mientras la figura desaparecía al pie de la colina.

Cuando volví en mí, quise contar a mi amigo aquella visión, pero no supe explicarme y callé.

Tres o cuatro días luego del suceso, decidí contárselo a mi amigo. Éste me escuchó hasta el final. Al comienzo, se rió, pero luego se mostró preocupado, como si temiera por mi salud mental. En ese preciso momento, volví a ver al monstruo y di aviso a mi amigo. Él miró ansiosamente, pero no logró ver nada, no obstante yo le mostraba el recorrido que la bestia hacía camino abajo por la colina.

Esto me alarmó terriblemente, pues consideré que se trataba de un presagio de mi muerte. Me desplomé en la silla y cubrí mis ojos unos instantes y cuando los descubrí, la visión había desaparecido.

Mi amigo me interrogó bastamente sobre mi visión, manteniendo la calma. Luego dio un discurso sobre filosofía especulativa e insistió en que las investigaciones humanas subestiman o sobrevaloran al objeto. Sacó de la biblioteca una sinopsis de Historia Natural y me pidió que cambiara de asiento para observar mejor los caracteres de la misma. Él por su parte, ocupó mi sillón y reanudó su plática.

- De no ser por su minuciosa descripción del monstruo, nunca habría podido demostrarle lo que es. Es una esfinge, perteneciente al género Sphinix, del orden de los lepidópteros.

Cerró el libro y se incorporó hacia delante, adoptando la misma postura que yo tenía al ver al monstruo.

- ¡Aquí está! Está volviendo a ascender por la colina y es un ser de aspecto notable. Pero no es tan grande ni distante como usted lo imaginaba. Está subiendo un hilo que seguro dejó alguna araña en la hoja de la ventana. Su tamaño será como máximo de una pulgada.


Categorías : Miedo y terror

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Comentarios(1):

  1. jakeline

    18 de marzo de 2012

    este cuento resumido es fabuloso voy a sacare un 5,0 osea un 10,0

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