El traje nuevo del Emperador

El traje nuevo del Emperador

Escrito por : isabel
12 octubre 2009

 

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En un país lejano vivía un emperador al cual le gustaba mucho la ropa elegante. Gastaba todo su dinero en trajes nuevos, tenía un traje para cada hora del día.

Cierto día, llegaron a la ciudad dos estafadores que se hicieron pasar por tejedores finos. Aseguraban los truhanes, que eran capaces de tejer telas maravillosas, las que no podían ser vistas por las personas muy estúpidas o que no estaban aptas para desempeñar el cargo que ostentaban.

El Emperador quedó fascinado por aquella idea, pensaba que podría así, distinguir entre los funcionarios del reino que eran eficientes y los que no. Ordenó entonces que fabricaran la tela. Debió primero, pagar un buen adelanto por el trabajo.

Los bribones montaron un telar en el que fingían tejer, pero nada había en él. Para completar su cuento, pidieron que se les suministrasen sedas de las más finas e hilos de oro, todo lo que se embolsaron los estafadores, mientras continuaban simulando su trabajo hasta avanzadas horas de la noche.

El Emperador estaba impaciente por ver el resultado del encargo, pero a pesar de sentirse muy seguro de sí mismo, no se atrevió a ir en persona, por lo que envió a su ministro de confianza para que averiguase cómo marchaba el trabajo.

Toda la ciudad estaba pendiente de las acciones de los bribones y deseaban ver los resultados.

El ministro se presentó ante los embaucadores, los que continuaban fingiendo su labor. El pobre hombre se sorprendió al notar que no podía ver la tela que los estafadores tejían. Pero no dijo nada y les siguió la corriente, por temor a no ser lo suficientemente digno.

Los hombres lo invitaron a apreciar la tela y alabaron los colores y el diseño, a lo que el viejo ministro sólo podía asentir, pues nada veía. Y pensaba para sus adentros que por nada del mundo diría al emperador la verdad. El ministro elogió la tela y elevó un excelente informe al Emperador.

Los truhanes aprovecharon para pedir más dinero, seda y oro, los que se embolsaron para sí, pues nada se gastaba en tejer la tela invisible. Y continuaron con su representación.

Unos días más tarde, el Emperador envió a un segundo funcionario para preguntar cuándo estaría lista la tela. El funcionario tampoco vio nada, porque nada había. Y del mismo modo que el ministro, pensó que era mejor callar y aceptar aquello. Alabó entonces a los estafadores y su trabajo, y elevó un informe favorable al Emperador.

Toda la ciudad estaba pendiente de la evolución del tejido, tanto que el Emperador quiso ver con sus propios ojos. Llegó hasta la casa donde los pícaros tejían, acompañado por un séquito de notables.

Los tejedores continuaban su ferviente labor, aunque nada hacían en realidad. Recibieron al Emperador y le pidieron su opinión.

El Emperador alarmado comprobó que no podía ver nada y temió por su condición. Entonces hizo lo que los demás, fingió.

El séquito en pleno, alababa las cualidades de la tela, sin ver realmente nada. Aconsejaron al soberano que vistiera un traje confeccionado con aquella tela durante la procesión.

El Emperador siguió el consejo de su séquito y encargó el traje. Durante la noche previa a la procesión, los estafadores permanecieron fingiendo su trabajo, hasta que dieron por terminados los ropajes de su excelencia.

Cuando el Emperador llegó a buscar sus vestimentas, los hombres fingieron vestirlo. Elogiaban el traje y lo elegante que el Emperador se veía con él, y el Emperador aprobaba complacido, para no ser menos.

Salió a preceder la procesión y todo el pueblo aclamaba al soberano y su elegancia.

Todos cuidaban de no admitir que nada veían, para que no los creyesen incapaces o estúpidos.

Pero de pronto, un niño exclamó:

- ¡Pero si no lleva nada!

- ¡No sabe lo que dice, es apenas un niño!- dijo el padre disculpándolo.

Pero todo el pueblo comentaba lo que el pequeño había dicho. Poco después, todo el pueblo coreaba:

- ¡Pero si no lleva nada!

El Emperador supo que el pueblo tenía razón, pero ya no podía dar marcha atrás, por lo que continuó con su cabeza en alto.



Comentarios(2):

  1. alejandro armida

    7 de agosto de 2010

    todo esto es una gran mentira de las sirenas siiiiiiiiiiiiii jajajjajaja

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  2. mayra vicKI

    16 de mayo de 2011

    hay dios no saben es un orror nesesito para la escuela el cuento del emoerador y todo lo que disen lo sirvientes y no esta

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