El soldadito de plomo

El soldadito de plomo

Escrito por : isabel
15 octubre 2009

 

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Había una vez un niño que recibió como regalo de cumpleaños una caja con veinticinco soldaditos de plomo, todos idénticos con el fusil al hombro y la mirada al frente, con pantalones azules y casacas rojas.

Le pequeño los ordenó en fila sobre la mesa, todos iguales excepto uno, que estaba fallado, le faltaba una pierna, pues el plomo de la fundición no había alcanzado. Sobre la mesa había otros juguetes, pero el más llamativo era un castillo de papel, pero lo más remarcable en él, era la bailarina de papel que estaba en la puerta del castillo. La joven tenía un vestido vaporoso con una lentejuela enorme en la cintura y una pierna bien en alto, al punto que el soldadito creyó que también le faltaba.

Pensó que era la muchacha ideal para ser su esposa, pero le preocupaba que ella viviera en un castillo y él sólo tuviera una caja de cartón con veinticuatro soldados más. De todas formas, estaba decidido a conocerla.

Mientras todos en la casa dormían, los juguetes comenzaron a salir de sus lugares, bailando, peleando y riendo. Los soldaditos de plomo, que estaban dentro de su caja, no consiguieron salir, pero el soldadito de una pierna que había quedado fuera de su caja. La tiza escribía sola en la pizarra y todo era barullo y algarabía, tanto, que el canario se despertó. Los únicos que no se movían, eran la bailarina y el soldadito de plomo. Ella se mantenía en su postura, de puntas con los brazos en el aire; él continuaba firme en su única pierna, sin apartar su vista de la dama.

De pronto, el reloj marcó las doce y de la caja de rapé salió un duende negro con resorte, que gritó:

- ¡Soldadito de plomo, no mires más a la bailarina!

El soldadito se hizo el desentendido y el duende sentenció que al día siguiente vería las consecuencias.

A la mañana, cuando los niños se levantaron, se pusieron a jugar y alguno puso al soldadito de plomo en la ventana. No se sabe si fue el viento o el duende, pero la ventana se abrió repentinamente y el soldadito cayó de cabeza y quedó clavado con su bayoneta en los adoquines de la calle.

El niño bajó corriendo a buscarlo, pero no lo halló. Comenzó a llover y luego paró. Unos pequeños que pasaban por la calle vieron al soldadito y decidieron enviarlo a navegar. Construyeron un barco con papel periódico y pusieron al soldadito en el centro, depositando el barco sobre el agua que corría junto al cordón de la vereda. El barquito avanzaba a gran velocidad dando giros, el soldadito estaba mareado, pero continuaba en posición de firme con su fusil. El barco entró a la alcantarilla, que estaba muy oscura. Avanzaba pensando en su bailarina, cuando le salió al encuentro una enorme rata pidiéndole pasaporte.

El barquito siguió de largo y la rata comenzó a perseguirlo por la alcantarilla que llegaba a su final. Más allá, había un canal, en el cual desembocaba la alcantarilla con gran estruendo. Una caída peligrosa, y el barquito comenzó a deshacerse. Cuando finalmente se deshizo el barco, el soldadito se hundió, siendo engullido inmediatamente por un pez. El soldadito no perdió la compostura ni dentro del estómago del pez.

De pronto todo se convulsionó violentamente, hasta que se calmó nuevamente. Luego, llegó la luz. La luz del día entró al estómago del pez. Había sido pescado y estaba siendo preparado en la cocina de la propia casa del soldadito.

Una sucesión de hechos afortunados, había llevado de regreso al soldadito. Nuevamente estaba sobre la mesa de la sala, entre todos los juguetes, y su bailarina se mantenía firme en su posición. Esto conmovió al soldadito, enormemente.

Sin previo aviso, uno de los niños tomó al soldadito y lo arrojó dentro de la chimenea prendida sin motivo alguno. Sin duda había sido obra del duende.

El soldadito se encontró entre las flamas y comenzaba a fundirse. Miró a la bailarina, y ella a él, y el soldadito sintió que se derretía, pero no bajó el fusil.

Alguien abrió una puerta, creando una corriente de aire que arrastró a la bailarina hacia la chimenea, junto al soldadito. Donde ardió al instante. Poco después, el soldadito terminó de fundirse.

A la mañana siguiente, al retirar las cenizas, encontraron un corazón de plomo y una lentejuela carbonizada.



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