
Koky, era un ratoncito de campo. Vivía feliz correteando por la pradera y respirando el aire puro. Se alimentaba de semillas y granos, pero lo que más le gustaba, era el queso, que obtenía de casa de Ana, una señora muy bondadosa que tenía una granja y fabricaba queso.
Ana, tenía un gato que protegía la granja de los ratones, pero el gato era muy perezoso y no cumplía con su labor. Pasaba el día durmiendo, y aunque viese al ratoncito rondando la casa, no se molestaba en ir a perseguirlo. De modo que Koky podía comer tranquilamente, sin preocuparse por el gato.
Luego de comer, se dirigía al campo, donde se acostaba a dormir la siesta muy feliz.
Un día, fue invitado por su primo Diego, que vivía en la ciudad, para pasar unos días con él. Diego le contaba que la ciudad era lo más increíble que se pudiera esperar y que le gustaría mucho visitarlo.
Cuando llegó a la ciudad, el ruido de los automóviles lo asustó mucho y no sabía donde esconderse. Por fortuna llegó su primo para salvarlo.
Los primos se abarazaron y se pusieron a conversar, pero un auto pasó por allí y tuvieron que dar un tremendo salto para que no los pisara. Había demasiada gente y muchísimo ruido, y Koky se sentía aturdido por aquel barullo.
- Sígueme, primo. No tengas miedo, nada te pasará.- dijo Diego.
Recorrieron las calles atestadas de gente, y Koky se sobresaltaba con cada pie amenazante que caía a su lado. Finalmente llegaron al sótano de un gran hotel, donde vivía Diego.
- ¡Vamos a comer! Esto es fenomenal. Ya lo verás.- dijo el primo de la ciudad.
Subieron por una hermosa escalera y llegaron a la cocina, donde Koky no podía dar crédito a lo que veía. Había manjares por todas partes. Cuando se disponía a comenzar a engullir la comida, apareció una señora gordinflona dando palos a todos lados.
- ¡Malditos ratones!- gritaba la señora, mientras revoleaba su palo.
Los ratoncitos corrieron por toda la cocina, y la mujer detrás de ellos. Cuando estuvieron cerca de la escalera, bajaron a toda velocidad y se refugiaron en la morada de Diego.
Koky estaba sin aliento, arrepentido de su visita. No creía soportar una semana en ese trance. Estaba hambriento y fatigado, y no sabía cuánto pasaría, antes de que pudiera probar bocado. En cambio, Diego, estaba emocionado y anticipaba el momento en que finalmente comerían de aquellas delicias.
Disculpándose, Koky se despidió de su primo y retornó al campo.
- Lo siento mucho, primo, pero me vuelvo al campo. La vida aquí es muy difícil.
- ¿No te estás divirtiendo? ¿No te gusta la aventura?- preguntó Diego.
- Me quedo con la tranquilidad de mi casita.
- Si te arrepientes, avísame. Ya sabes donde estoy.
Los primos se abrazaron y Koky partió rumbo al campo. Se alegraba de haber visitado a su primo, pero nunca imaginó que se sentiría tan bien volver a casa.
Categorías : Animales
Etiquetas : El ratón del campo, Koky

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Comentarios(1):
Izol Nieto Pineda
11 de junio de 2010
Muchas gracias por dejar volar su imaginación y compartir con todos los seres humanos especialemtne aquellos que son nuestros niños que están en formación, el resultado de creer en la fantasí y siempre ver màs allá de lo evidente.
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