
En un reino lejano vivía una princesa hermosa, que era aficionada a los objetos de oro.
Le gustaba pasarse las horas jugando con una bolita de oro junto a un viejo pozo. Pero un día, la bolita cayó dentro del pozo y la princesa no pudo alcanzarla. Estaba muy triste y se puso a llorar. De pronto escuchó una voz misteriosa, era una rana que estaba en el pozo.
- ¿Por qué lloras, princesa?
- Porque mi bolita de oro cayó dentro del pozo.
- Puedo recobrarla para ti, pero debes darme algo a cambio.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Que seas mi mejor amiga.
La princesa aceptó, aunque pensaba que eran tonterías de la rana.
La rana se sumergió y en un periquete, apareció con la bolita de oro en la boca. Y dejó el objeto a los pies de la princesa.
La princesa recogió su juguete y se fue corriendo al castillo sin dar siquiera las gracias.
La princesa olvidó por completo a la rana, y al día siguiente, mientras cenaba, se oyó una voz que pedía que abriesen la puerta.
Intrigada por la voz, la princesa fue a abrir la puerta y cuando vio a la rana, le cerró la puerta en las narices.
El rey sospechó que algo ocurría y preguntó a su hija. Mientras la princesa explicaba lo sucedido a su padre, la rana continuaba golpeando la puerta del castillo y recordándole su promesa.
- Una promesa hecha, debe cumplirse.- dijo el rey a su hija.
La princesa dejó entrar a la rana de mala gana.
La rana la siguió hasta la mesa y le pidió que la subiera a la silla que estaba junto a ella. La princesa se molestó con la rana, pero debió obedecer, pues su padre vigilaba serio.
Como la silla era muy baja, la rana pidió que la subiera a la mesa. Cuando estuvo sobre la mesa, pidió que le acercara el plato, para comer con ella.
La princesa acercó el plato, pero perdió el apetito. Una vez que la rana estuvo satisfecha, le dijo:
- Tengo sueño. Llévame a dormir a tu habitación.
La princesas no toleraba la idea de compartir la habitación con aquel animal y se puso a llorar. Pero el rey replicó:
- Llévala a tu habitación. No debes dar la espalda a quien te ayudó cuando necesitabas.
Resignada, la princesa llevó la rana a su habitación y la depositó en un rincón. Pero al poco rato, la rana se acercó a la cama y le pidió que la subiera, bajo amenaza de contarle al padre.
La princesa subió la rana a la cama y se metió dentro. Entonces notó sorprendida, que la rana lloraba en silencio.
- ¿Qué te ocurre ahora?- preguntó la joven.
- Yo quería que fueras mi amiga. Pero no me quieres, creo que lo mejor, será que regrese al pozo.
Estas palabras conmovieron a la princesa que se sentó junto a la rana y le dijo dulcemente:
- No llores más. Seré tu amiga.
Para mostrar su sinceridad, la princesa le dio un beso de buenas noches a la rana, y de inmediato, la rana se convirtió en un apuesto príncipe.
La princesa no salía de su asombro. Así comenzó una hermosa amistad. Y luego de unos años, se casaron y fueron felices.
Categorías : Princesas y reyes
Etiquetas : Cuentos de princesas, El príncipe rana

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Comentarios(2):
rosa elvira
20 de junio de 2011
todos fue bonito fuerza como juego mejor
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diana laura angulo tirado
13 de octubre de 2011
y love you cuentos estan muy bonitos
haga cuentos mas cortos que no esten tan largos para escribirlos
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