El pastorcillo y la serpiente

El pastorcillo y la serpiente

Escrito por : isabel
21 octubre 2009

 

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Lejos en las montañas, había un pastorcillo que cuidaba todos los días un rebaño de ovejas y cabras. Guillermo, que así se llamaba, ya estaba en edad de ir a la escuela y éste era su sueño, quería aprender como los demás niños, pero debía cuidar el rebaño en el horario en que la escuela funcionaba.

Un día le contó a su madre su sueño, pero la mamá le contestó con mucha tristeza, que no era posible, pues era el mayor de los cinco hijos y debía cuidar el rebaño para que tuviesen con qué comer. El padre estaba enfermo hacía mucho tiempo y no había mejorado, para poder trabajar. Pero le prometió que si su padre mejoraba, iría a la escuela como deseaba.

Aquella noche, Guillermo se fue a dormir muy triste por no poder cumplir su sueño, pero por otro lado, se sentía feliz de poder ayudar a su familia.

Al día siguiente, sacó su rebaño como de costumbre y pasó por delante de la escuela como siempre, donde los niños más afortunados, se burlaban de él porque no estudiaba. Esto lo puso más triste aún y quiso explicarles, pero los niños no entendían razones y continuaron burlándose.

Más tarde, al mediodía, cuando el sol calentaba el campo, el pequeño Guillermo sintió sueño y se recostó en un tronco para dormir. Mientras dormía, tuvo un extraño sueño que lo dejó intrigado.

Soñó que una voz le ordenaba:

- Debes llevar el rebaño donde no hay comida, o perder alguna oveja. Hazlo varias veces para que tus padres comprendan que no sirves como pastor y ya no te manden a cuidar ovejas, y puedas ir al colegio.

Más tarde, cuando regresaba del campo, se cruzó con Bernardo, otro pastorcillo que conocía, y le contó sobre su sueño.

Bernardo le hizo notar que había una muda de serpiente enroscada en su sombrero. El niño comprobó con asombro, que era cierto, había una piel de serpiente en su sombrero de paja.

- No me parece mala idea lo de tu sueño. Sería una forma de liberarte de tu trabajo y poder ir a la escuela.

- Eso sería espantoso. Mi familia no tendría para comer. Mi papá está enfermo y no puede trabajar, es mi responsabilidad cuidar de la familia.

Cuando regresó a su humilde casita, contó a su madre lo que soñó. La madre le preguntó si era lo que él deseaba, y Guillermo respondió que no:

- No creo que sea justo que, para que yo aprenda cosas en la escuela, la familia deba pasar hambre. Con lo que sé, tengo bastante.

La madre lo abrazó muy fuerte y le contó que más temprano, había llegado un extraño joven a la casa, pidiendo un vaso de agua, y que mientras bebía, había escuchado toser al padre. El joven era un médico y pidió para visitar al enfermo. Cuando lo vio hizo su trabajo y lo dejó casi completamente curado, y en poco tiempo podría volver a trabajar. El misterioso doctor no había cobrado su trabajo, pues afirmaba que ya se había cobrado.
Y así termina la historia.



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