
Carlos y Alejandra pasaban el fin de semana en casa de su abuelo. Como se aburrían bastante, pidieron autorización para subir a la buhardilla a revolver entre las cosas viejas. El abuelo les dio permiso, pero les hizo una advertencia:
- Cuidado con la buhardilla, allí encontrarán cosas sorprendentes. Si han sido buenos niños, no tienen por qué temer.
El abuelo rió y los niños también, pensando que el abuelo estaba bromeando.
Subieron a la buhardilla y sus ojos comenzaron a recorrer el espacio buscando objetos interesantes. En un rincón, un maniquí muy viejo, tenía un sombrero con plumas, que llamó la atención de Alejandra. Carlos fue derecho a un baúl que estaba detrás de una escalera. Al abrirlo, encontró una cantidad de prendas de todas clases. Los niños encantados, comenzaron a probarse las viejas ropas y a fingir personajes.
Continuaron explorando y jugando, pero una cosa faltaba. Sillas, no había por ninguna parte. Buscando mucho, pudieron hallar un taburete, como era grande, ambos niños cabían en él. Pero menuda sorpresa se llevaron al sentarse. Aparecieron en un país extraño, donde todo estaba hecho con caramelos, las casas, los autos, los animales y las personas.
Los niños estaban desconcertados por el viaje, pero maravillados por tanta golosina. La visión, les despertó el apetito y comenzaron a buscar el bocado más tentador. Encontraron una casita con el techo de chocolate y comenzaron a comer sin dudarlo.
Pero apenas dieron el primer mordisco, salió del dueño de casa, que también era de chocolate, y les dijo:
- ¡Por favor! No se coman mi casa, porque no tendré dónde vivir.
Carlos y Alejandra comprendieron que el señor de chocolate tenía toda la razón. Se sintieron avergonzados de su conducta imprudente. El señor Chocolate los invitó a pasar a su casa y les ofreció golosinas de todas clases. También les contó de su país de caramelos y de los problemas que tenían por culpa de un malvado tragón, que amenazaba con comerse al país entero.
Los niños entendieron la preocupación de su amigo y se dispusieron a ayudarlo. Con la ayuda del señor Chocolate y los vecinos, crearon una muchacha de chocolate de lo más tentadora. Pero la muñeca estaba hecha con madera, forrada de chocolate.
Colocaron a la muñeca en medio de una plaza para que el tragón la viera. Al poco tiempo llegó y se fue corriendo a comérsela. Pero se llevó un gran chasco. Al primer mordisco, se cayeron todos los dientes y el tragón salió corriendo a los gritos. Juró que nunca volvería a comer golosinas.
Solucionado el problema, los niños retornaron a su hogar, de la misma forma en la que habían llegado.
Categorías : Mágicos
Etiquetas : Cuentos para niños, El país de los caramelos

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