El leñador y el duende versión libre

El leñador y el duende versión libre

Escrito por : isabel
2 noviembre 2009

 

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En lo más profundo del bosque Azul, vivían un anciano leñador y su apuesto hijo, Juan. El bosque estaba junto al castillo del rey Falten, un rey muy orgulloso, temido por su crueldad.

Juan deseaba salir a hacer fortuna para asegurar los últimos días de su padre, por lo que decidió partir hacia tierras desconocidas.

Caminó siete días antes de salir del bosque, y al llegar al borde del bosque pudo divisar el castillo del rey Falten. Siguió avanzando por el camino hasta que se cruzó con una comitiva real.

Al verlo, el rey dio la orden de que se detuviera:

- ¿Quién sois? ¿De dónde venís que no os postráis ante mi presencia?

- Soy Juan, hijo del leñador. Vengo del bosque Azul.- contestó el joven inclinándose ante el rey y descubriendo su cabeza.

- Entonces, eres el hijo del antiguo rey de esta comarca. ¡Soldados, prendedle!

El joven leñador fue apresado al instante y conducido a las mazmorras del castillo.

Lo arrojaron a una celda de piedra, con apenas una puerta de hierro con un ventanuco, por el cual filtraba la luz de una antorcha. La celda era húmeda y fría, y por una hendidura en la roca, filtraba un hilo de agua.

Juan se acomodó en el jergón de paja que estaba en un rincón y aguardó que pasara el tiempo. De pronto sintió un sonido suave que venía de la hendidura por la que manaba el agua. La puerta se abrió y entró un guardia con una escudilla con comida. Era una pasta maloliente, que el joven no se atrevió a probar. Pero en cambio, tomó la cuchara y comenzó a cavar en la grieta de la piedra. Cuando el hoyo tenía el tamaño de un puño, cedió un trozo y comenzó a salir un chorro potente que escurría en el suelo. El agua subía rápidamente, y cuando le llegaba a la cintura, escuchó un sonido de vidrio que golpeaba la pared. Era una botella que flotaba por la celda. El joven retiró el tapón lacrado y un humo comenzó a expandirse por el calabozo, entibiando el ambiente.

Al disiparse el humo, el joven pudo ver a un duende vestido de verde, parado sobre el agua.

- Me has liberado. Te debo dos deseos antes de poder partir. ¡Hazlos ya!

- Deseo verme fuera del castillo.- replicó el joven.

Al instante, estaba sobre el puente levadizo, con la botella en la mano. Justo en el momento en que el rey Falten salía. Juan saltó tras unas piedras para esconderse, pero el rey alcanzó a verlo. Huyó hacia el interior del castillo, pues era la única forma de evitar que lo prendieran de inmediato. Subió por las escaleras y se metió en una de las habitaciones, donde una joven doncella tejía en un bastidor. Cuando lo vio, gritó sorprendida.

- ¡No os asustéis, bella dama! Imploro que me ocultéis del rey hasta que pase el peligro. Soy Juan, hijo del antiguo rey.

- Soy Flor de Sol, la hija del rey Falten.

Al oír estas palabras, el joven retrocedió asustado. Pero la joven se acercó y le dijo que no temiera, pues conocía la crueldad de su padre y deseaba ayudarle. La muchacha lo escondió en un gran armario con sus vestidos. Apenas cerraba la puerta, cuando irrumpió el rey preguntando por el joven. La princesa negó que hubiese algún extraño en la habitación y el rey se retiró.

Cuando el muchacho abandonó el armario, la joven le pidió que la ayudara. Su padre había arreglado casarla con el príncipe Oef, del reino vecino, que era tan cruel y desalmado como su propio padre.

Juan sacó la botella de su bolsillo y solicitó un deseo:

- Quiero un reino más grande que este, vecino al del príncipe Oef, y que fuera de la torre, me aguarde un caballo enjaezado.- dijo, sacando nuevamente el tapón con los sellos.

Apareció el duende y dijo:

- Tus dos deseos son cumplidos, Juan.

Dicho esto, se fue caminando por la puerta de la habitación. Bajaron los jóvenes y montaron en el corcel. Salieron del castillo sin que nadie pudiera impedirlo, y rápidamente llegaron al castillo de Juan, donde los aguardaba una partida de caballeros armados. La princesa Flor de Sol se quedó en el castillo, y Juan salió con su partida, para combatir al rey Falten.

Fácilmente derrotaron al rey y sus tropas, y emprendieron el regreso al castillo, donde los aguardaba la princesa.

Juan y Flor de Sol se casaron y vivieron felices.



Comentarios(1):

  1. natalia

    29 de abril de 2012

    Me parecieron muy buenos los cuentos, pero aún quisiera encontrar cuentos con duendes más cortos, en verso para niños pequeños y que dejen una enseñanza.
    Muchas gracias!

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