A Paula le encantaban las excursiones, era una niña muy, pero muy curiosa. Todo el día se la pasaba investigando algo, una mariposa, el rastro de un caracol, el ruido de una rama que cruje en el jardín, todo le interesaba y avivaba su ingenio. Por eso sus papás le habían regalado un laboratorio de juguete para pudiese hacer sus propios experimentos y resolver los misterios del universo.
Paula soñaba con ser una investigadora famosa, como las de las novelas de misterio y resolver los casos más difíciles. Pero su afición la llevaba a ser descuidada muchas veces y a no ver el peligro que implicaban sus pesquisas. Por eso su madre le había prohibido que se adentrara en el bosque, pues sabía que estaba encantado y que allí podría sucederle algo horrible. Y Paula le hacía caso, era una niña obediente por lo general.
Pero ese día en particular, Paula no pudo resistirse a los encantos del bosque y se metió hasta lo más profundo, siguiendo el canto extraño de un ave muy rara que había visto entrar entre los árboles.
El bosque era sombrío y siniestro en su interior, realmente daba miedo, pero Paula no podía evitar su curiosidad y tuvo que seguir avanzando. Llegó hasta un claro, donde estaba el ave misteriosa y se quedó contemplándola en silencio, extasiada. Habría pasado desapercibida si no fuera que el bosque sí estaba encantado y los árboles comenzaron a gritar para alertar al ave de su presencia.
La niña intentó huir, pero el ave era terrible y su tamaño era mayor de lo que ella había calculado cuando la vio volando. Sin dudas, estaba atrapada y nada la podía salvar de un destino terrible. Fue entonces que apareció, como salida de una película, el hada madrina de Paula, para rescatarla.
El hada se llamaba Cristálida y le dio un gran sermón por su descuido:
- No debiste desobedecer a tu madre, pequeña Paula.- dijo el hada.
- Lo sé, no era mi intención. Es que vi esa rara ave y la seguí sin pensar.
- Ese pájaro gigante se llama Andalgalornis y come carne. Tú pudiste ser su bocado de la mañana. Tuviste mucha suerte de que escuchara tus gritos y viniera a rescatarte. La próxima vez, consulta con algún adulto antes de hacer algo así. Ahora, vuelve a tu casa.
Paula regresó a su hogar sin decir palabra, había aprendido la lección muy bien y ya no cometería el mismo error. Desde ese día, comenzó a ver con más cariño a sus padres, porque pudo comprobar que en ocasiones, los límites y advertencias, son la mejor manera de cuidarnos.
Autora: Andrea Sorchantes
Valores del cuento: “El hada madrina de Paula”
Este hermoso cuento nos permite apreciar la utilidad de los límites para los niños, que permiten establecer normas que los protejan de los peligros.
Categorías : Hadas y elfos
Etiquetas : bosque encantado, curiosa, hada madrina, niña


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