El cuervo y la zorra

El cuervo y la zorra

Escrito por : isabel
5 noviembre 2009

 

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En un bosque de pinos, vivía un cuervo de plumaje renegrido. Todos lo habitantes del bosque sabían que era un vanidoso.

Junto al bosque había una casita muy coqueta, donde vivía una señora a la que le gustaba cocinar. Aquel día, tenía las ventanas abiertas y el cuervo podía observar la actividad de la cocina.

La mujer estaba preparando un plato con queso. Pensó que el queso se mantendría más fresco, si lo ponía en la ventana.

El cuervo que estaba observando todo, sintió el aroma del queso y se sintió muy tentado a probarlo. Voló hasta la ventana y se llevó el queso en su pico, hasta la copa de un árbol cercano.

Mientras esto ocurría, una zorra muy astuta estaba observando. La zorra estaba hambrienta, pues hacía días que no conseguía bocado. Vio que el cuervo se posaba en la rama de un árbol, con el queso en su pico y se acercó.

- ¡Buenos días, señor cuervo!

El cuervo no respondió, simplemente observó a la zorra que le sonreía.

- ¡Tenga usted buenos días!- repitió la zorra- ¡Pero, qué elegante que está usted con ese bello plumaje!

La zorra lo adulaba y el cuervo, como bueno vanidoso, se quedó contento de escuchar los elogios. Aunque no podía contestar, porque tenía el pico lleno.

- Es lo que siempre digo.- agregó la zorra- No hay ave con mayor gallardía que el señor cuervo.

El cuervo se esponjaba de satisfacción en la rama. En realidad, estaba convencido de que cuanto decía la zorra, era verdad. Porque no había otro plumaje más lindo que el suyo.

- Usted tiene un porte majestuoso, claro que sí. Si su canto es como su plumaje, no puede existir en el mundo, un ave que se le pueda igualar.

Al escuchar estas palabras, el ave quiso demostrar que su voz era tan hermosa como su plumaje. Movido por la vanidad, quiso cantar. Abrió su pico y comenzó a graznar, sin acordarse del queso que llevaba.

Cuando el queso cayó, la zorra ya estaba pronta para atraparlo. Abrió su boca y atrapó el manjar. Entre bocado y bocado, decía:

- ¡Pero qué tonto! Has quedado hinchado de tantas lisonjas y elogios. Déjame que me encargue yo, de digerir este queso. Que tú tienes bastante, con digerir las adulaciones.

Así, el cuervo comprendió que no es bueno dejarse ganar por las alabanzas falsas. A partir de entonces, no volvió a dejarse engañar por los elogios inmerecidos, aprendiendo a evaluarse en su justa medida. Y si se le acercaba algún adulador, salía huyendo. Porque aprendió que cuando nos halagan sin méritos, es porque esperan sacar beneficio de nosotros.



Comentarios(2):

  1. angie rosio

    24 de julio de 2010

    me parase super le cuento infantil sigan creando la verdad los felisito

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  2. estefani

    20 de septiembre de 2011

    yo soy estudiante,pues dejan tareas de fábulas con refranes aunque si estan padres pero para la otra porfavor si podrian poner mas sensillos y con refranes bey

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