El cuarto de espejos

El cuarto de espejos

Escrito por : isabel
21 octubre 2009

 

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Había una vez una princesa muy presumida y vanidosa, que sólo pensaba en sí misma. No le interesaba su familia, ni ninguna persona que la rodease, trataba a todo el mundo con indiferencia, como si no precisara de nadie más en el mundo.

Hasta que un día llegó un hada madrina al palacio, como invitada del rey y la reina, pero la princesa fue descortés con ella, ante el asombro de los reyes que no sabían cómo disculpar su conducta desagradable.

El hada madrina impuso un castigo a la joven:

- Si sólo te quieres a ti misma y crees que no necesitas de nadie, desde hoy vivirás sola con tu propio reflejo. Hasta que cambies sinceramente, será así.

La princesa fue encerrada en un cuarto lleno de espejos del que no podía salir. Cada día pasaba mirando su reflejo por toda la habitación.

Pasaron los años y la princesa continuaba encerrada. Al despertar lo único que podía ver, era su cara reflejada en todos los espejos del cuarto; arriba, abajo, a los lados, en todas partes había espejos reflejándola.

Finalmente, luego de varios años, la princesa comenzó a sentirse sola y pensó que tal vez necesitara de su familia, comenzó a extrañarlos. A medida que los sentimientos aumentaban, uno de los espejos se iba volviendo invisible y le permitió ver hacia fuera del cuarto. Pudo ver a su padre escribiendo en su escritorio, luego a su madre tejiendo. Alcanzó a ver hasta la cocina, donde la niñera que la había criado, estaba trabajando. También alcanzó a ver al hijo de la niñera, que había jugado con ella de pequeño, ahora podaba las rosas del jardín y había crecido.

Poco a poco iba recordando a las personas que la rodeaban y despertando su cariño por ellos y conforme esto ocurría, los espejos desaparecían y podía ver más hacia fuera. Extrañaba y anhelaba todo aquello que se había perdido durante años.

Llegó el día en que todos los espejos se tornaron invisibles y la princesa podía ver todo lo que le rodeaba, entonces no pudo contener los deseos de salir corriendo, abrió la puerta y salió del cuarto.

Cuando estuvo fuera, toda la familia se alegró de verla. Ella los abrazó y lloró emocionada.

De pronto llegó el hada madrina y la joven temió que la devolviese al cuarto de espejos.

- Por favor, no me vuelvas a encerrar, no lo toleraría. Ya aprendí mi lección, no soporto verme todo el tiempo, día tras día en ese cuarto.
- Nunca estuviste encerrada, la puerta estaba sin cerrojo. Yo sólo te puse allí. Fue tu orgullo el que te impidió abrir la puerta. Asumiste lo peor y actuaste en base a ello. Ese cuarto no era un cuarto de espejos, sino un cuarto de cristal. Hubieras podido ver a través de él, pero tus sentimientos solo te permitían ver tu propio reflejo. Necesitabas un tiempo a solas para comprender que no puedes vivir aislada. Ya no volverás a aquel cuarto, pues tu corazón te ha liberado.



Comentarios(1):

  1. Pilar Cano

    25 de marzo de 2011

    Hola me gusta este artículo. Me gustaría saber quien es el pintor de este cuadro si puedes ayudarme.

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