El abad y los tres enigmas versión abreviada

El abad y los tres enigmas versión abreviada

Escrito por : isabel
20 octubre 2009

 

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En un viejo monasterio del bosque, vivían los frailes en paz. Cada fraile tenía su tarea, de modo que uno se encargaba de cuidar la puerta, otro de cocinar, otro de enseñar, otro del jardín, otro de la biblioteca, otro de las ovejas, otro de la botica y así sucesivamente. Todos entregados a sus tareas, el estudio y la oración.

A cargo del monasterio estaba el abad, que era el fraile de mayor jerarquía. Pero nuestro abad no era muy listo, y esto lo supo el Señor Obispo, quien quiso comprobar por sí mismo los rumores. Llamó entonces al abad y le planteó las siguientes preguntas:

- Si yo quisiera dar la vuelta al mundo, ¿cuánto tardaría?

- Si yo quisiera venderme, ¿cuánto valdría?

- ¿Qué cosa estoy pensando, que no es verdad?

- Tienes un año para responder estos tres enigmas.

El abad regresó al monasterio preocupado y se sentó en su despacho a pensar las respuestas. Pero nada se el ocurría. Pensaba muchísimo, pero no conseguía resolver aquellas preguntas, sólo conseguía un terrible dolor de cabeza.

Los días pasaban y no llegaba la solución, por eso, el abad entró por primera vez en la biblioteca del monasterio, para buscar en los libros las soluciones que necesitaba.

Pero pasaba el tiempo y el abad no resolvía los enigmas que le había planteado el Obispo. Cuando ya quedaban pocos días, salió de paseo por el bosque, a ver si el aire fresco le ayudaba a pensar, desesperado se sentó debajo de un árbol.

Un joven fraile pastor, que estaba cuidando las ovejas del monasterio escuchó los lamentos del abad y le preguntó el motivo. El abad contó la entrevista con el Obispo y los tres enigmas que le había planteado para probar sus conocimientos. El frailecillo le dijo que no se preocupara, pues él podía dar respuesta al Señor Obispo.

El día en que se cumplía el plazo, el joven fraile se presentó ante el Obispo disfrazado con el hábito del abad y la cabeza cubierta con la capucha, para que el Obispo no pudiera reconocerlo.

El Obispo lo recibió y solicitó las respuestas a sus enigmas:

- Si yo quisiera dar la vuelta al mundo, ¿cuánto tardaría?

- Si su Ilustrísima caminara a la velocidad del sol, sólo tardaría veinticuatro horas.- contestó el frailecillo.

El Obispo lo pensó un momento y quedó satisfecho con la respuesta. Formuló entonces, la segunda pregunta.

- Si yo quisiera venderme, ¿cuánto valdría?

- Quince monedas de plata.- respondió sin dudar el frailecillo.

- ¿Por qué quince monedas?

- Porque Jesucristo fue vendido en treinta monedas de plata, y es lógico pensar que su Ilustrísima valga sólo la mitad.

Esta respuesta también satisfizo al Obispo estaba creyendo que el abad no era para nada tonto, como le habían dicho. Hizo su última pregunta:

- ¿Qué cosa estoy pensando, que no es verdad?

- Su Ilustrísima piensa que soy el abad del monasterio, pero en realidad, soy apenas el fraile que cuida las ovejas.

El Obispo se dio cuenta de la inteligencia del fraile y decidió que ocupara el cargo de abad y que el abad se encargara de las ovejas.



Comentarios(1):

  1. emanuel

    8 de febrero de 2011

    me gustaria que estuviera la obra

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