
Hace muchísimo, pero muchísimo tiempo, el oficio de cazador de dragones, era un oficio de mucho prestigio. Se suponía que eran criaturas malvadas y que había que matarlos para proteger a los campesinos, pues se comían el ganado e incendiaban las casas con su aliento de fuego.
Por eso, los caballeros llegaban hasta tierras de dragones para cazarlos y conseguir fama y prestigio, ya que se corría un gran riesgo al capturarlos.
Había muchos caballeros y todos eran valientes, menos el caballero Angelote. Al pobre, lo había enviado su madre, pues quería sentirse orgullosa de su hijo.
Angelote no era un real caballero, era cobarde y esmirriado, y el pobre, tenía miedo hasta de su sombra.
Partió el caballero Angelote en busca de su dragón y al despedirse de su madre, llevaba puesta la armadura, que rechinaba sonoramente de tanto que él temblaba.
Estuvo cabalgando durante muchos días y noches, hasta que un buen día, encontró una cueva que olía horrendamente, pero Angelote no lo notó, pues estaba resfriado.
Entró silenciosamente, por si había allí algún dragón dormido. Oyó unos ronquidos y siguió el sonido, hasta que al dar la vuelta en un recodo, se topó con el dragón Damien, que estaba dormido.
Era un dragón enorme, todo de color rojo, hasta las alitas que eran pequeñas para su tamaño, eran rojas.
El caballero Angelote, se desmayó del susto al verlo. Despertó al mismo tiempo que Damien y ambos se llevaron un buen susto.
Angelote se armó de coraje y levantó su espada, pero era tan pesada, que apenas lograba despegar la punta del suelo. Damien se alistó para atacar, tomó aire y resopló con todo su aliento, y logró fulminar a Angelote, pero no con su fuego, sino con el mal aliento que tenía.
El olor era tan insoportable, que Angelote cortó por lo sano y le dio unos caramelos de menta que su madre había puesto en su morral.
El dragón se los comió todos de un bocado y estaba tan agradecido que le explicó la situación. Resulta, que los dragones no eran criaturas malignas, como se pensaba, pero sus cuevas olían tan mal, que los caballeros se desmayaban antes de entrar y por eso habían criado mala fama.
Damien pidió a Angelote que lo protegiera de los otros caballeros, pues ahora tenía aliento mentolado y sería fácil que lo cazaran.
Angelote aceptó, porque cualquier cosa era mejor que volver con su madre mandona. Y entonces vivieron felices paseando por el bosque y comiendo caramelos de menta.
Categorías : Mágicos
Etiquetas : Cuentos fantásticos, Damien el dragón

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Comentarios(2):
willintom
24 de junio de 2010
aguevado
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Karyna
5 de octubre de 2010
Les felicito por haber creado esta página, a mi hijo le encantó el cuento fantástico.
Me gusto saber que existe un sitio donde la fantasia e inocencia de los personajes estan presentes, sin ningun otro matiz vulgar y desagradable.
Gracias y nuevamente mis felicitaciones
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