En un castillo lejano vivía la familia real, con los reyes y su hijo, el pequeño príncipe Humberto, un niño travieso e intrépido que solía meterse en problemas debido a su falta de miedo.
Quién no soñó con ser un rey o una princesa? En nuestra sección te acercamos las más hermosas historias y aventuras, de princesas y reyes. Viaja con nosotros al país de ensueño, donde los castillos son muy altos y los caballeros, los más valientes.
En un castillo lejano vivía la familia real, con los reyes y su hijo, el pequeño príncipe Humberto, un niño travieso e intrépido que solía meterse en problemas debido a su falta de miedo.
Era el castillo de un señor feudal muy poderoso, pero que a diferencia de sus iguales, tenía un corazón muy bueno y generoso. Este señor siempre se había ocupado de sus vasallos y siervos con mucho esmero y cariño, cuidando de que nada les faltara. A cambio, sus servidores habían trabajado con esmero y devoción, convirtiéndolo en el señor feudal más próspero de todo el reino. Incluso se rumoreaba que era más rico que el propio rey.

Era un reino lejano donde la gente vivía contenta y feliz, siempre hacían fiestas y reuniones, pues les encantaba bailar y cantar. Todo era algarabía.
En el palacio también estaban todos alegres, menos la princesa Margarita, que era muy caprichosa y siempre estaba aburrida y malhumorada. Jamás asistía a ninguna fiesta o baile porque estaba aburrida de estar aburrida.
El rey Marcos, estaba muy preocupado por el extraño comportamiento de su hija, así que un día convocó a todos los sabios del reino para que juntos buscaran la cura para el mal que aquejaba a su hija.
En un reino lejano, vivían dos princesas huérfanas. Las jóvenes habían perdido a sus padres y su castillo en un gran terremoto.

Había una vez, un príncipe muy injusto. Era hermoso, valiente e inteligente, pero no le interesaba la justicia. Su padre mandó llamar a un sabio para que le enseñara la justicia.
- Llévatelo mi sabio amigo. Que no vuelva hasta que esté listo para ser un rey justo.
El sabio partió en barco con el príncipe, pero un accidente los arrojó a una isla desierta, sin agua ni comida. Durante los primeros días, el príncipe Lapio pudo pescar algunos peces, gracias a sus habilidades de cazador. Pero, cuando el anciano sabio solicitó que compartiera su comida, el joven se negó.

En un reino lejano vivía una princesa hermosa, que era aficionada a los objetos de oro.
Le gustaba pasarse las horas jugando con una bolita de oro junto a un viejo pozo. Pero un día, la bolita cayó dentro del pozo y la princesa no pudo alcanzarla. Estaba muy triste y se puso a llorar. De pronto escuchó una voz misteriosa, era una rana que estaba en el pozo.
- ¿Por qué lloras, princesa?

En un castillo lejano, mucho tiempo atrás, vivía una princesa de incomparable belleza. Pero esta joven era, además, muy sabia y rica. Los pretendientes llegaban hasta el castillo constantemente, buscando obtener sus riquezas.
Pero la princesa, cansada de tanto pretendiente falso, publicó un edicto real, donde decía que se casaría con aquel joven que le presentase el regalo más valioso, tierno y sincero del mundo.
Al día siguiente, el castillo estaba lleno de flores y regalos de todo tipo, cartas de amor ardiente que los poetas escribían. La cantidad de regalos era abrumadora y entre ellos descubrió una simple y sucia piedra.

Había una vez una princesa muy presumida y vanidosa, que sólo pensaba en sí misma. No le interesaba su familia, ni ninguna persona que la rodease, trataba a todo el mundo con indiferencia, como si no precisara de nadie más en el mundo.
Hasta que un día llegó un hada madrina al palacio, como invitada del rey y la reina, pero la princesa fue descortés con ella, ante el asombro de los reyes que no sabían cómo disculpar su conducta desagradable.
El hada madrina impuso un castigo a la joven:

Hace mucho pero mucho tiempo, en un reino lejano, había un rey que vivía con su familia en un enorme castillo cerca de una gran montaña.
El rey tenía una hija llamada Teresa. La princesa salía todos los días a pasear por los alrededores del castillo y un buen día conoció a un humilde picapedrero llamado Pedro. El picapedrero era muy amable y bondadoso, y Teresa se enamoró de él.
Los enamorados decidieron que querían casarse y la princesa fue a contárselo al rey. Pero el rey se enfadó muchísimo al conocer la noticia y le prohibió casarse con el picapedrero, pues no era digno de una princesa.
Últimos Comentarios