Mágicos

Mágicos

Has ingresado al mundo de la magia y los misterios. Síguenos en esta aventura por los reinos donde dominan las brujas, hechiceras, magos y otras criaturas mágicas. Diviértete con sus historias y sus hechizos. Aquí, nada es lo que parece, todo encierra un secreto que puedes descubrir. Diviértete con nosotros!

La casa embrujada

Escrito por : isabel
7 octubre 2011

 

Allá en el siglo XIX, Inglaterra era una nación próspera. Uno de los detalles que la distinguía, era su sobria y refinada arquitectura. Nada más llegar a una ciudad, el visitante podía extasiarse con las construcciones, y el orden y limpieza que imperaban en ellas.

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La domadora de juguetes

Escrito por : isabel

 

Te voy a contar una historia olvidada, una que se perdió en los tiempos. No todo fue siempre como es ahora, no. Hace muchísimo tiempo, existía un lugar escondido y remoto, un país misterioso del que nadie había oído nunca hablar. Este era el país de los juguetes, el sitio donde se fabricaban todos y cada uno de los juguetes que los niños poseían.

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Cuento de Campanita, Tinker Bell

Escrito por : isabel
5 octubre 2011

 

Allá eh la Hondonada de las hadas, en un lugar remoto y secreto, vivían todas las hadas del mundo. Desde allí se encargaban de cuidar de la naturaleza y mantenerla, tal y como la conocemos. Era una gran comunidad, regida por una reina bondadosa y dulce.

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La niña y las rosas

Escrito por : isabel
22 julio 2011

 

En una casa muy humilde, vivían una mamá con sus hijos pequeños. Un día la mamá enfermó gravemente y la hermana mayor debió hacerse cargo de la familia.

Juliana, que así se llamaba, era una niña delgada y hermosa, de cabello sedoso, que trabajaba todo el día sin quejarse para ayudar a su familia.

La niña sembraba y cosechaba las rosas más hermosas que se hubiesen visto, las que llevaba a la plaza del pueblo para vender. Como sus rosas eran tan bellas, no tenía problemas para venderlas y de este modo, toda su familia tenía alimento.

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El niño de azúcar

Escrito por : isabel
7 abril 2010

 

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Enrique quería comer sólo caramelos. No le importaba que se le cariaran los dientes, porque eran de leche y ya se le caerían. Tampoco le importaba que por no comer no creciese, porque si se mantenía pequeño nadie le negaría nunca un caramelo.

Una noche, mientras sus padres dormían, abrió el ropero donde su madre escondía la bolsa de caramelos. Estaba en el estante más alto y Enrique apenas alcanzaba al más bajo. Logró trepar los estantes, pero no alcanzó a sacar la bolsa. Apenas pudo empujarla haciendo que un caramelo cayera golpeándole la cabeza. Lo recogió y salió apurado del cuarto de sus padres para esconderse en el suyo y comerlo.

Era el caramelo más rico que hubiera probado nunca. Lamentó que fuera sólo uno. Luego de una hora chupándolo, Enrique notó que el caramelo no se había achicado. Se lo sacó de la boca y el caramelo estaba como recién desenvuelto. Volvió a llevárselo a la boca y estuvo chupándolo una hora más sin consumirlo. Pasó otra hora más y otra y a Enrique le vino sueño. Volvió a sacarse el caramelo, esta vez con la intención de tirarlo y un nuevo caramelo apareció en su boca. Lo sacó y apareció otro; sacó el nuevo caramelo y apareció uno más, como los magos que se sacan un pañuelo sin fin de la boca.

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El alma de las muñecas

Escrito por : isabel
5 abril 2010

 

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A Marizel le gustaba cambiar de lugar con sus muñecas. Se quedaba tirada en un rincón, con la esperanza de que alguien le apretara el ombligo y ella pudiera abrir la boca: “Mamá.”

Una noche se cortó el dedo y descubrió que estaba rellena de aserrín. Cortó una de sus muñecas y sangraba.

Días después despertó con las mejillas pintadas de rosado y el rosado no salía.

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Los lápices de Anne

Escrito por : isabel
2 noviembre 2009

 

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Anne era una artista joven que ilustraba una revista infantil. La directora de la revista era muy exigente, tanto, que Anne debía trabajar hasta muy tarde.

Estaba muy cansada y su trabajo se veía afectado. Pero la directora, que era una mujer despiadada y calculadora, le exigía cada vez más.

Una mañana. Anne no fue a trabajar. Había estado dibujando toda la noche y no tenía fuerzas para ir al día siguiente. La directora le advirtió que contrataría a alguien más, si no completaba el trabajo de la semana.

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Ward Philips vivía en casa de su abuelo desde hacía siete años, cuando éste desapareciera. Fue entonces que recibió la lámpara del abuelo Whipple. Éste había dispuesto que la lámpara quedara con su abogado, hasta que pasaran los siete años necesarios, para darle por muerto.

El objetivo de aquella petición, era que su nieto pudiera familiarizarse con la imponente biblioteca del abuelo, requisito que le parecía indispensable para que estuviera en condiciones de recibir el tesoro más valioso.

Philips tenía treinta años y mala salud. Había nacido en el seno de una familia de mediana riqueza, pero el abuelo había realizado malas inversiones, y sólo había heredado la casa de la calle Angell y su contenido. El joven trabajaba como redactor de una revista. Era alto, delgado y llevaba gafas.

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Los geniecillos holgazanes

Escrito por : isabel
30 octubre 2009

 

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En un bosque muy tupido, vivían unos geniecillos. Tenían una hermosa casita, pequeña pero muy acogedora, con sus ventanitas con cortinas de vivos colores, su tejado y la chimenea.

La casita era hermosa, pero los genios eran tan holgazanes que jamás limpiaban. La suciedad se había acumulado a tal extremo, que apenas podían vivir dentro de aquel lugar. Pero de todos modos, no les hizo problema.

Pero sucedió que un día llegó de visita la reina de las hadas y al ver la casita tan sucia y desordenada, se molestó muchísimo. No podía comprender, cómo habían dejado la casa en tal estado y decidió enviarles a la bruja gruñona para que los vigilara.

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La mona

Escrito por : isabel

 

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Había un rey que tenía tres hijos en edad casadera. Pero estaba preocupado porque parecían muy dependientes de la protección de la reina, y él necesitaba saber que el reino quedaría en buenas manos. Por eso les dijo un día:

- Hijos míos, es tiempo de que partáis a conocer el mundo. Le ofrezco el trono a aquel de vosotros que consiga casarse con la princesa más hábil y hermosa.

Partieron los hijos cada uno por su lado y quedaron en reunirse un año más tarde.

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