Animales

Animales

Hola! Estás en nuestra categoría de animales, aquí encontrarás bonitas historias que relatan las aventuras de nuestros amigos los animales. Que te diviertas mucho.

El arco iris y el camaleón versión libre

Escrito por : isabel
23 octubre 2009

 

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Era un camaleón vanidoso que se burlaba de los demás porque no podían cambiar sus ropajes todo el tiempo como él. Se pasaba el día regodeándose con su belleza.

- ¡Pero qué hermoso que soy! ¡Ningún otro animal se viste tan señorial como yo!

Todos admiraban sus colores, pero detestaban su vanidad y el mal humor constante que tenía.

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En un bosque lejano, había un ruiseñor que tenía su nido en la copa de un enorme roble. Todos los días despertaba al bosque entero con su canto maravilloso.

Entre las ramas del roble, las hojas crecían sin parar y también lo hacía la vida. Así lo hacían también los pichones del ruiseñor, cuyo nido estaba construido con ramas y hojas secas, para que fuera mullido y calentito para los pequeños polluelos.

Cuando se produjo el nacimiento, algunas ardillas se acercaron curiosas, para ver cómo los pichones rompían el cascarón hasta dejar un hueco, por el que poder asomar su cabeza. Debían empujar con mucha fuerza para liberarse de aquella cáscara y salir.

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La zorra y el león

Escrito por : isabel
6 octubre 2009

 

La zorra y el león- de Francesc Eiximenis (1327 )

Había una vez un león que tenía hambre, y queriendo encontrar ocasión para comer, preguntó a la oveja cómo era su aliento. Y la oveja respondió la verdad, diciéndole que muy apestoso.

El león, fingiéndose entonces ofendido, le dio un fuerte golpe en la cabeza y la mató diciéndole: – ¡Ahí va! porque no has sentido vergüenza de ofender a tu rey. ¡Ahora recibe eso!

La zorra y el león

Después preguntó el león lo mismo a la cabra, es decir, si su aliento olía bien. Y la cabra, viendo cuán mal lo había tomado con la oveja, le contestó que su aliento era maravilloso y olía muy bien.

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El león y el leopardo

Escrito por : isabel

 

El león y el leopardo de Jean-Pierre Claris de Florian (1755 – 1794)

Un león valeroso, rey de una inmensa llanura, quería dominar una parte más grande, y quiso conquistar un próximo bosque, herencia de un leopardo.

El león y el leopardo

Atacar no era muy difícil para él; pero el león temió a las panteras y osos, por lo que el monarca diestro resolvió debidamente la cuestión.
Al leopardo joven, bajo el pretexto de honor, le delega a un embajador:
era un zorro viejo, hábil y popular.

En primer lugar, del leopardo joven exalta su prudencia, le alaba en son de paz, su bondad, su dulzura, su justicia y su beneficencia; entonces, en nombre del león una alianza propone para limpiar a todo el vecino que no valore su fuerza.

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El ave extraordinaria

Escrito por : isabel

 

El ave extraordinaria de Leonardo Da Vinci

Hace mucho tiempo, un viajero recorrió medio mundo en busca del ave extraordinaria.

El ave extraordinaria

Aseguraban los sabios que lucía el plumaje más blanco que se pudiera imaginar.
Decían además que sus plumas parecían irradiar luz, y que era tal su luminosidad que nunca nadie había visto su sombra.

¿Dónde encontrarla? Lo ignoraban. Desconocían hasta su nombre.
El viajero recorrió el bosque, la costa, la montaña.

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La abeja haragana

Escrito por : isabel
4 octubre 2009

 

La abeja haragana – de Horacio Quiroga

En una de las tantas colmenas, vivía una abeja a la que no le gustaba trabajar. Se pasaba los días paseando entre las flores y todo el polen que libaba, se lo tomaba.

La conducta de la abeja haragana molestó a sus mayores. Un día, las abejas ancianas que custodiaban la puerta, decidieron intimarla para que trabajara. La abejita contestó con desparpajo, que se cansaba de volar por allí.

La abeja haragana

Las advertencias se sucedieron y la abejita siempre respondía de manera insolente a sus mayores. Hasta que finalmente, llegó una tormenta.

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El perro encantado

Escrito por : isabel
29 septiembre 2009

 

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Lo pusieron en el regazo de Alejandrita cuando tenía treinta y cuatro días y medio. Para ella fue el mejor regalo de cumpleaños, para él, otro día perro.

A la noche, privado de su madre y hermanos, lloraba sin parar y daba vueltas como un trompo despuntado. Apenas por dos pelos, se salvó del chancletazo que el padre le tiró para que se callara, que se estrelló con fuerte sonido de tambor, en la delicada espalda de Alejandrita, quien lo había cubierto con su cuerpo.

Durante las siguientes horas, todos lloraban. Feldespato –que así fue nombrado- por su soledad, Alejandrita por el chancletazo, el padre por el remordimiento y la madre por solidaridad. La mañana los encontró en un gran abrazo familiar, todos plácidamente dormidos en la cama grande. Feldespato incluido.

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