
En un yerbal, donde la vida es más ajetreada de lo que se puede esperar, todos los años se celebraba una feria de cosas raras al finalizar la primavera. En la feria se exponían cosas extrañas de todas clases, llevadas por los habitantes del yerbal, que las consideraban, únicas en el mundo. El último día, se realizaba la elección del que había sido el objeto raro más extraño del año. Este premio se lo habían llevado las abejas durante tres años seguidos, con sus: Pelos Sintéticos, Encendedor y Lentejuela.
Poco antes de la feria, llegó al yerbal, la sobrina de doña Juana, la langosta, Lili, que venía de una ciudad cercana, donde era presidenta de todos los bichos de la Universidad. Esto hacía que la jovencita estuviera rodeada de cierto halo de prestigio, lo que le daba un aire vanidoso. A ella no le gustaba visitar el campo, pero había llegado para cuidar a su tía que estaba resfriada.
Entre la feria y la presencia de Lili, el bicherío estaba en pleno ajetreo. Los jóvenes se turnaban para invitarla y ella los espantaba a todos. Tan solo quedaron los más audaces, Roberto la langosta, bicho autosuficiente, si los hay; el zángano Zuzú, un verdadero optimista; la lombriz Horacio, más callado que una tumba y el grillo Bemol, que podía pasar el verano primavera e invierno, tocando su violín.
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