
La primera vez que se escuchó de la criatura del desván fue cuando uno de los niños subió a buscar un libro viejo y vio los dos grandes ojos que lo vigilaban y se abalanzaron sobre él. El niño gritó y cerró la puerta del desván con llave, dejando al monstruo dentro.
Durante dos días, todo el pueblo asistió aterrorizado a los golpes y gruñidos que el monstruo daba a la puerta para escapar del desván. La noticia corría por todas partes. Las desgracias aumentaban, pero nadie se animaba a subir al desván y enfrentarse a la bestia.
Los lugareños solicitaron ayuda a un pescador noruego que pasaba por el pueblo debido a que su barco ballenero había naufragado. El hombre aceptó a cambio de unas cuantas monedas. Pero cuando llegó al desván y escuchó los gruñidos de la bestia, regresó a pedir más dinero y algunas herramientas, una red enorme y un carro, pues deseaba llevarse el trofeo si tenía éxito. Los lugareños aceptaron sus condiciones.



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