
Bubba era un conejito blanco que vivía en una preciosa casita al borde del camino.
Todos los días, salía al patio a tomar sol junto al pozo. Se sentaba sobre el brocal y cerraba los ojitos muy satisfecho. Así pasaba las horas, muy tranquilo, sin que nadie lo molestara.
Cierto día, apareció por allí un lobo ladrón. El conejito se moría del miedo, tenía gansa de salir corriendo y encerrarse en su casita, pero ya era tarde. Tenía que inventar alguna historia para distraer al lobo, porque sabía que no la iba a pasar bien. Estaba seguro de que el lobo Rififí, quería dinero y si no se lo entregaba, lo castigaría dándole una gran paliza.










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