2009 octubre

El avaro mercader

Escrito por : isabel
29 octubre 2009

 

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Había una vez, en un lejano condado, un rico mercader muy avaro. Le gustaba tanto el dinero que no deseaba gastarlo. Comía lo menos que podía y por eso era muy delgado, sus ropajes estaban raídos de tanto uso, pero no los cambiaba hasta que sólo quedaban andrajos.

El mercader tenía un asno muy noble que transportaba sus mercancías durante todo el día. Hacía que el pobre animal trabajase muy duro, pero como era tan avaro no deseaba gastar dinero en comprarle el alimento, por eso, cubría la cabeza del asno con una piel de león. De este modo, cuando los campesinos lo veían, salían corriendo asustados y el asno podía pastar tranquilamente a sus anchas en los campos de alfalfa, sin que su amo gastara un centavo.

Esta situación se prolongó por un buen tiempo, y los campesinos comenzaron a disgustarse y a buscar la forma de deshacerse de aquel león que los rondaba.

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El pájaro carpintero

Escrito por : isabel
28 octubre 2009

 

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En un bosque frondoso, todos los animales estaban disfrutando de una hermosa mañana, cuando los sobresaltó un ruido extraño, como de martillazos. Las aves intrigadas, fueron a curiosear lo que pasaba. Pudieron ver que la responsable era un ave pequeña, que nunca habían visto antes, y que estaba parada en el tronco de un árbol.

El ave picoteaba insistentemente el tronco, y lo hacía con gran fuerza, de modo que iba sacando trozos de madera en cada golpe. El loro, como buen curioso, se acercó y le preguntó qué hacía.

El ave contestó que estaba construyendo un nido para su familia. El loro quedó extrañado, pues nunca había visto un nido semejante. El ave explicó que su nido era más seguro, cálido e impermeable que los de los demás. El argumento convenció al loro, que le pidió si podría construir un nido para él. El ave contestó:

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En un yerbal, donde la vida es más ajetreada de lo que se puede esperar, todos los años se celebraba una feria de cosas raras al finalizar la primavera. En la feria se exponían cosas extrañas de todas clases, llevadas por los habitantes del yerbal, que las consideraban, únicas en el mundo. El último día, se realizaba la elección del que había sido el objeto raro más extraño del año. Este premio se lo habían llevado las abejas durante tres años seguidos, con sus: Pelos Sintéticos, Encendedor y Lentejuela.

Poco antes de la feria, llegó al yerbal, la sobrina de doña Juana, la langosta, Lili, que venía de una ciudad cercana, donde era presidenta de todos los bichos de la Universidad. Esto hacía que la jovencita estuviera rodeada de cierto halo de prestigio, lo que le daba un aire vanidoso. A ella no le gustaba visitar el campo, pero había llegado para cuidar a su tía que estaba resfriada.

Entre la feria y la presencia de Lili, el bicherío estaba en pleno ajetreo. Los jóvenes se turnaban para invitarla y ella los espantaba a todos. Tan solo quedaron los más audaces, Roberto la langosta, bicho autosuficiente, si los hay; el zángano Zuzú, un verdadero optimista; la lombriz Horacio, más callado que una tumba y el grillo Bemol, que podía pasar el verano primavera e invierno, tocando su violín.

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Ricitos de oro

Escrito por : isabel

 

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En lo profundo del bosque, había una familia de osos, el papá, la mamá y el pequeño hijo. Vivían en una casita muy confortable.

Una mañana, a la hora del desayuno, estaban sobre la mesa tres tazas de leche humeante y panecillos recién sacados del horno, pero estaban tan calientes, que quemaban. Para aprovechar el tiempo, mientras la comida se enfriaba, el papá Oso, propuso que salieran a dar un paseo por el bosque.

Salieron los tres a pasear por el bosque, muy contentos de tomar un poco de aire fresco.

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La Ratita Presumida

Escrito por : isabel

 

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En una casita en el campo, vivía una ratita muy presumida. Estaba un día barriendo su jardín, cuando encontró una moneda de oro en el suelo. Se puso muy contenta, pues tenía dinero para gastar en algo bonito.

Después de mucho pensarlo, decidió que se compraría un lazo rojo para ponerlo en su rabito. Al día siguiente, salió rumbo al mercado con su moneda en el bolsillo. Cuando llegó, pidió al tendero que le vendiera un trozo de su mejor cinta roja. La compró y volvió a su casa.

Al llegar a su casita, se paró frente al espejo y se colocó el lacito en el rabo. Estaba tan bonita, que no podía dejar de mirarse. Salió al portal para lucir su nuevo lazo y entonces se acercó un gallo y le dijo:

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Hace mucho tiempo, en un reino lejano, nació una princesita, que tuvo por madrinas a todas las hadas del reino, para que cada una, le concediera un don, y así, la pequeña tuviera todos los dones imaginables.

Hubo un gran festín en palacio, después del bautismo. Todos estaban invitados. Cuando todos estaban comiendo, apareció en el salón, un hada vieja, a la que todos creían muerta y por eso, no había sido invitada.

El rey hizo disponer un sitio en la mesa para ella. Pero no tenían ya vajilla de oro, como la que tenían las otras madrinas, y por eso tuvieron que ponerle vajilla de porcelana, como a los otros comensales. Esto molestó muchísimo a la anciana, la que se creyó despreciada.

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El país de los caramelos

Escrito por : isabel

 

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Carlos y Alejandra pasaban el fin de semana en casa de su abuelo. Como se aburrían bastante, pidieron autorización para subir a la buhardilla a revolver entre las cosas viejas. El abuelo les dio permiso, pero les hizo una advertencia:

- Cuidado con la buhardilla, allí encontrarán cosas sorprendentes. Si han sido buenos niños, no tienen por qué temer.

El abuelo rió y los niños también, pensando que el abuelo estaba bromeando.

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El ratón del campo

Escrito por : isabel
27 octubre 2009

 

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Koky, era un ratoncito de campo. Vivía feliz correteando por la pradera y respirando el aire puro. Se alimentaba de semillas y granos, pero lo que más le gustaba, era el queso, que obtenía de casa de Ana, una señora muy bondadosa que tenía una granja y fabricaba queso.

Ana, tenía un gato que protegía la granja de los ratones, pero el gato era muy perezoso y no cumplía con su labor. Pasaba el día durmiendo, y aunque viese al ratoncito rondando la casa, no se molestaba en ir a perseguirlo. De modo que Koky podía comer tranquilamente, sin preocuparse por el gato.

Luego de comer, se dirigía al campo, donde se acostaba a dormir la siesta muy feliz.

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Voy a contar una historia que me contó alguien que la escuchó de su padre, y éste del suyo y así sucesivamente, hasta hace más de trescientos años. Tal vez sea cierta, tal vez sea leyenda, pero podría haber sucedido.

Había nacido el pequeño Tom en una casucha de un barrio miserable de Londres, siendo el menor de tres hermanos, dos niñas y él. Compartían la casucha con su abuela, y tanto la abuela como el padre, gustaban de golpear a los pequeños y a la madre.

Tom era muy listo y tuvo la ayuda del cura párroco, quien le enseñó a leer y escribir, además de otras cosas, más propias de un joven de la nobleza, que de un mendigo de los suburbios.

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El caballero rojo

Escrito por : isabel

 

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En un lejano país, hace mucho tiempo, vivía una hermosa princesa llamada Adeline. Su belleza era legendaria y los pretendientes llegaban desde todas partes de la tierra para pedir su mano en matrimonio. Pero ella siempre los rechazaba.

Como la princesa no podía elegir pretendiente, el Rey organizó un torneo para determinar cuál sería el caballero que se convertiría en su esposo.

Esto entristeció a la princesa, pues ella amaba en secreto a un apuesto mozo de palacio, que también la amaba, pero que no podía aspirar a casarse con ella por ser un simple sirviente.

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